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Desaparición forzada de pescadores por militares de Estados Unidos

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 Familias de pescadores desaparecidos en alta mar de la comunidad Jaramijó, Manta, Manabí.

 

El 15 y 16 de abril del 2026 una delegación del CDH realizó la Misión de Verificación sobre Hundimientos de Embarcaciones en Manabí. Esta Misión permitió la documentación de casos y reuniones para el fomento de la organización de los sobrevivientes y las familias de pescadores desaparecidos en alta mar. Además el CDH se reunió con funcionarios públicos relacionados con esta problemática.

 

Antecedente

 

 

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Línea de tiempo de hundimientos de embarcaciones ecuatorianas por patrullas militares de los Estados Unidos en el contexto de las operaciones de la Base de Manta.

 

 

A continuación, presentamos una cronología de hechos relacionados con hundimientos de embarcaciones que en su mayoría zarparon del puerto pesquero de Manta, Manabí. Fueron interceptadas por patrullas militares de Estados Unidos, su tripulación fue detenida o desaparecida y las embarcaciones hundidas desde 2001 al 2009.

 

Esta información fue levantada desde el archivo que mantiene el CDH, especialmente sobre las operaciones militares realizadas durante la vigencia del "Acuerdo de Cooperación entre el Gobierno de la República del Ecuador y el Gobierno de los Estados Unidos de América Concerniente al Acceso y Uso de los Estados Unidos de las Instalaciones en la Base de la Fuerza Aérea Ecuatoriana en Manta para Actividades Aéreas Antinarcóticos", todo esto dentro del contexto del Plan Colombia.

 

2001

 

El 30 de junio de 2001 se registró el primer caso documentado y judicialmente respaldado de hundimiento de un barco pesquero ecuatoriano por parte de la Marina de los Estados Unidos. La embarcación Daiki Marú, de propiedad del capitán Carlos Llorente, fue atacada y hundida por la fragata USS Mac Inerney cuando se encontraba en faenas de pesca a unas 140 millas de las Islas Galápagos, en aguas del Océano Pacífico. El barco no transportaba migrantes ni drogas, sino que desarrollaba actividades pesqueras ordinarias al momento de ser interceptado.

 

El caso del Daiki Marú se convirtió en el expediente mejor documentado de todos los hundimientos denunciados. Su propietario presentó cartas formales a los ministerios de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior y Defensa, así como al Congreso Nacional. El entonces canciller Heinz Moeller dirigió dos comunicaciones a la Embajada de Estados Unidos solicitando una explicación oficial, sin obtener respuesta. Llorente también inició gestiones para demandar al Comando de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Un documento remitido por la Fuerza Naval del Ecuador el 28 de enero de 2002 certificó que la acción se realizó en el mar territorial ecuatoriano, a 68 millas de las Islas Galápagos. En abril de 2003, la Corte de Florida aceptó conocer la demanda por daños y perjuicios interpuesta contra el Comando Sur.

 

En el mismo período se reportaron daños a otras embarcaciones ecuatorianas durante operaciones de interdicción realizadas por buques de la Marina de los Estados Unidos. La flota de barcos implicados en las operaciones incluía al USS Mac Inerney, el USS Cromelín, el USS Boone, el USS Samuel Roberts, el USS Steven Grover y el USS Ruben James.

 

Yépez, J. M. (15 de julio de 2004). Aldhu dice que siete barcos hundidos iban con emigrantes. El Universo, sección Política.

 

Redacción. (6 de julio de 2004). Seis denuncias de barcos hundidos: Caso Daiki Marú está documentado. El Universo, sección Política.

 

Redacción. (3 de junio de 2004). Caso del barco ecuatoriano Daiki Marú será juzgado en Estados Unidos. El Universo, sección Política.

 

 

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2002

 

En 2002, fragatas estadounidenses hundieron cinco barcos civiles ecuatorianos en aguas territoriales del país. Estas embarcaciones estaban relacionadas con el transporte de emigrantes indocumentados que intentaban llegar ilegalmente a Estados Unidos utilizando como punto de partida el puerto de Manta. Las acciones de control ejecutadas sobre dichas embarcaciones fueron coordinadas desde el Puesto de Operaciones Avanzadas (FOL, por sus siglas en inglés) instalado en la Base Aérea Eloy Alfaro de Manta.

 

Los propietarios de algunos de estos navíos reconocieron en testimonios posteriores que alquilaron sus embarcaciones por montos que oscilaban alrededor de los 80.000 dólares, dado que la actividad pesquera había decaído considerablemente. Un armador de 38 años declaró: "Sabía que era para llevar gente a Guatemala, estoy consciente, es eso... la pesca está mala aquí y no me hacía ni para el combustible ni para pagar la letra del barco." Treinta marineros fueron arrestados por posible participación en actividades de coyotaje. En total, desde 2001, se registró el hundimiento o desaparición de al menos 24 naves ecuatorianas, aunque las versiones sobre el número exacto siguieron siendo objeto de disputa.

 

Entre las embarcaciones afectadas en este período figuran el Éxito, hundido en julio de 2002, y el Don Ignacio, en diciembre del mismo año. Los testimonios juramentados de sus propietarios fueron depositados en la Notaría Cuarta del cantón Manta. El armador Tálito Lorenzo Chávez declaró ser propietario del buque pesquero Éxito, de 39,70 toneladas, construido en madera, e indicó que fue interceptado el 21 de julio de 2002 por una fragata norteamericana a 170 millas del puerto de Manta, en aguas en coordenadas de Latitud 2 Sur.

 

Yépez, J. M. (15 de julio de 2004). Aldhu dice que siete barcos hundidos iban con emigrantes. El Universo, sección Política.

 

Yépez, J. M. (5 de agosto de 2004). Versiones contradictorias en hundimiento de barcos. El Universo, sección Política.

 

Redacción. (11 de agosto de 2004). Los tripulantes cuentan cómo se hundieron 4 barcos. El Comercio, sección Crónica.

 

 

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2003

 

El 22 de febrero de 2003, el buque de guerra estadounidense USS Boone interceptó al menos dos embarcaciones ecuatorianas: el Challenger, de propiedad de Ricardo Herrera, y el Varia Mariela, de Vinicio Zambrano, ambas transportando migrantes. Según la versión de la ALDHU, estas naves fueron localizadas en coordenadas correspondientes al mar territorial ecuatoriano. La versión de la Armada del Ecuador, en cambio, sostuvo que ambas fueron encontradas con los motores averiados y que el USS Boone trasladó a los pasajeros al puerto de Manta luego de destruir los barcos. El capitán del Puerto de Manta de aquel entonces, Marco Aguirre, confirmó el 9 de febrero de 2003 el hundimiento de la nave Challenger por parte del USS Boone "porque estaba haciendo agua y era un peligro para la navegación."

 

Durante 2003, la Armada Nacional del Ecuador aseguró públicamente no tener conocimiento de ninguno de los hundimientos. Esta posición cambiaría en los meses siguientes, cuando la presión de organizaciones de derechos humanos y de medios de comunicación obligó a las autoridades a reconocer, al menos parcialmente, los hechos. Fue también en este año cuando la Corte de Florida, en el caso del Daiki Marú, aceptó los daños y perjuicios presentados por el capitán Llorente, estableciendo el primer precedente judicial internacional relacionado con la conducta de la Marina estadounidense frente a los pesqueros ecuatorianos.

 

Yépez, J. M. (15 de julio de 2004). Aldhu dice que siete barcos hundidos iban con emigrantes. El Universo, sección Política.

 

Zambrano, E. (19 de julio de 2004). Aldhu y Marina aún no aclaran caso barcos. El Universo, sección Política.

 

Redacción. (3 de junio de 2004). Caso del barco ecuatoriano Daiki Marú será juzgado en Estados Unidos. El Universo, sección Política.

 

 

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2004

 

El 3 de marzo de 2004, el barco Santa María, de propiedad de Carlos Santana, fue interceptado cuando supuestamente se encontraba en faenas de pesca. De acuerdo con la ALDHU, el incidente ocurrió en aguas del mar territorial ecuatoriano. El 29 de marzo de 2004, el Margyl Margarita, de propiedad de Félix Quinde Vera (matrícula P-00-082), fue detectado por un helicóptero de los Estados Unidos a las 21h45 en las coordenadas 00°58' latitud norte y 086°26' longitud oeste, con 149 personas a bordo: 98 hombres, 38 mujeres y 13 niños. La nave había zarpado de Esmeraldas con destino a Guatemala. El informe de abordaje firmado por el oficial Jeremy Rodríguez de la fragata USS Ruben James concluyó que los migrantes pagaron entre 3.500 y 15.000 dólares por el transporte. Una vez evacuados los pasajeros, y al constatarse las condiciones insalubres de los compartimientos, el Margyl Margarita fue hundido. No obstante, las fuentes consultadas presentan una discrepancia respecto al número de personas a bordo. El informe de la Dirección General de la Marina Mercante (DIGMER) registró que la embarcación llevaba 170 personas y señaló en sus novedades que el buque se encontraba "a 660 millas al noroeste de Ecuador" y que "el buque se está hundiendo."

 

El 16 de junio de 2004, la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos (ALDHU) realizó la primera denuncia pública formal ante la Cancillería ecuatoriana sobre el hundimiento de ocho embarcaciones pesqueras ecuatorianas. El director de la ALDHU, Gustavo Larrea, presentó documentos oficiales y testimonios escritos de los propietarios de los barcos Éxito, Santa María, Varia Mariela, Margyl Margarita, Challenger, Don Ignacio, Diego Armando y Daiki Marú, de los cuales cinco fueron capturados con migrantes a bordo. El presidente de la Unión de Organizaciones Pesqueras y Afines de Manabí, Robert Espinales, declaró que "buques acorazados estadounidenses abordan a los barcos pesqueros y luego los mandan a pique, lo que ha causado caos en toda la flota pesquera artesanal."

 

El tema se convirtió en asunto de debate nacional. El 28 de junio, representantes de la ALDHU, el comandante de la Marina y el canciller Patricio Zuquilanda se reunieron en el Ministerio de Relaciones Exteriores. El 1 de julio, la ALDHU entregó al canciller y al presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Congreso, Carlos Vallejo, la documentación respectiva. El 12 de julio, la Embajada de Estados Unidos remitió información solicitada con carácter reservado. El 13 de julio, el canciller compareció ante el Congreso sin pruebas fehacientes. El 14 de julio, el comandante de la Marina compareció ante el Congreso y reconoció que autorizó el abordaje en cinco de los ocho casos denunciados. El 16 de julio, el comandante de la Marina ecuatoriana se reunió con la embajadora de Estados Unidos, Kristie Kenney, quien afirmó no tener detalles sobre los barcos hundidos.

 

El armador del Daiki Marú, capitán Carlos Llorente, presentó documentación de 27 denuncias realizadas ante la Armada, el Congreso y la Cancillería, correspondientes a tres abordajes sufridos por parte de marinos extranjeros, e indicó tener conocimiento de al menos 16 barcos más hundidos en condiciones similares. El ex canciller Alfonso Barrera destacó que la Marina de los Estados Unidos no tiene derecho a destruir barcos ecuatorianos ni en aguas nacionales ni internacionales, aunque se encuentren en actividades ilícitas, y que la vía correcta era comunicar a la Armada Nacional para que ella autorizara la intervención. La Embajada de Estados Unidos sostuvo que sus navíos operaban en aguas internacionales en el marco de los esfuerzos antinarcóticos y que hundir barcos que representaban un peligro para la navegación era una "práctica internacional estándar."

 

Eduardo Tobar Avilés, armador pesquero del Diego Armando, declaró en testimonio juramentado que su barco de 23,46 toneladas fue interceptado el 21 de febrero de 2004 por la fragata estadounidense USS Stephen Grover a 190 millas de Punta Ayangue, en coordenadas de Latitud 2 Sur. Wilfrido Márquez, tripulante del Don Ignacio, declaró que el 2 de diciembre de 2002, estando a 180 millas de Punta Galera, fueron abordados por el USS Cromelín: "Un helicóptero nos realizó varias vueltas... le lanzó una ráfaga y el barco empezó a hundirse."

 

Redacción. (19 de junio de 2004). Aldhu asegura que EE.UU. hundió barcos de Ecuador. El Universo, sección Política.

 

Redacción. (29 de junio de 2004). RR.EE. en apuros por los barcos hundidos. El Comercio, sección Diplomacia.

 

Redacción. (30 de junio de 2004). Más presiones para que RR.EE. proteste. El Universo, sección Diplomacia.

 

Yépez, J. M. (6 de julio de 2004). Seis denuncias de barcos hundidos: Caso Daiki Marú está documentado. El Universo, sección Política.

 

Yépez, J. M. (15 de julio de 2004). Aldhu dice que siete barcos hundidos iban con emigrantes. El Universo, sección Política.

 

Yépez, J. M. (15 de julio de 2004). La Marina exculpa a los EE.UU. en el caso de los barcos hundidos. El Universo, sección Política.

 

Zambrano, E. (19 de julio de 2004). Aldhu y Marina aún no aclaran caso barcos. El Universo, sección Política.

 

Yépez, J. M. (5 de agosto de 2004). Versiones contradictorias en hundimiento de barcos. El Universo, sección Política.

 

Redacción. (11 de agosto de 2004). Los tripulantes cuentan cómo se hundieron 4 barcos. El Comercio, sección Crónica.

 

 

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2005

 

El caso del pesquero Ochossi añadió una nueva dimensión al conflicto. Entre el 21 y el 22 de mayo de 2005, el buque de la Armada de los Estados Unidos USS Rentz inspeccionó la embarcación Ochossi (matrícula P-04-0169), de propiedad de Manuel Delgado, a aproximadamente 213 millas al oeste de Tumaco, Colombia. Los tripulantes denunciaron que los guardacostas estadounidenses destruyeron los entrepisos del barco en busca de un supuesto cargamento de droga que nunca fue encontrado. El informe técnico de la Autoridad Marítima ecuatoriana, que adjuntaba 14 fotografías tomadas al pesquero el 26 de mayo en Manta, documentó al menos 16 averías: aproximadamente seis orificios en la banda de estribor y cuatro en la banda de babor en una bodega, dos planchas de madera prensada rotas en la bodega de frío, una mampara destruida en la división de la sala de máquinas, la boya del combustible del lado izquierdo fuera de su lugar y ambas pangas del navío averiadas.

 

La Autoridad Marítima determinó que la actuación del guardacostas estadounidense contravenía el artículo 17 de la Convención de las Naciones Unidas Contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas, y notificó formalmente al Agregado de Guardacostas de la Embajada de Estados Unidos sobre la responsabilidad de ese gobierno ante una eventual demanda de daños y perjuicios. Cabe señalar que la autorización de abordaje sí había sido concedida por Ecuador, con la expresa advertencia de que, de no encontrarse drogas, el Gobierno de los Estados Unidos sería responsable de los daños. Los Estados Unidos reconocieron su responsabilidad y manifestaron la disposición de indemnizar al propietario por la vía judicial regular.

 

Adicionalmente, entre abril y julio de 2005 la Cancillería presentó seis reclamos diplomáticos por interceptaciones de barcos ecuatorianos: el pesquero Salomón, detenido el 30 de abril a 340 millas de Galápagos con cocaína a bordo por el USCG; el pesquero Simón Bolívar, detenido el 17 de mayo con un gran cargamento de cocaína, cuya tripulación fue repatriada gracias a gestiones de la Cancillería; el Ochossi, ya referido; el pesquero Vega, detenido el 11 de julio frente a las costas de Colombia sin hallarse nada; y reclamos ante Guatemala y Francia por interceptaciones anteriores. El canciller Antonio Parra anunció la elaboración de un Manual de Procedimiento para la intercepción de barcos, con el objetivo de evitar abusos contra la tripulación y garantizar el cumplimiento de los convenios internacionales.
Redacción. (13 de junio de 2005). La Marina halló anomalías en la incursión al Ochossi. El Comercio, sección Barcos.

 

Redacción. (19 de julio de 2005). Seis reclamos por abordajes de EE.UU. El Universo, sección Política.

 

Redacción. (28 de mayo de 2005). Pescadores denuncian otro abordaje en Manta. El Universo, sección Política.

 

 

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2006

 

El 19 de mayo de 2006, la tripulación del pesquero Repaku vivió un nuevo episodio de abuso por parte de marinos estadounidenses. La nave, de casco de madera, fue abordada sorpresivamente mientras pescaba al sur de Manta, en aguas internacionales, por unos 20 marinos que viajaban en embarcaciones militares estadounidenses. Según el diario del cabo Carlos Rivera, uno de los 13 tripulantes, los marinos los amenazaron apuntándoles con sus armas de fuego. Los pescadores relataron que permanecieron retenidos hasta las 24h00 y que solo podían ir al baño acompañados por un militar armado. Los marinos usaron taladros para perforar el barco en busca de droga durante todo el tiempo que permanecieron a bordo, sin encontrar nada.

 

Ramón Moreira, propietario del Repaku, estimó las pérdidas en unos 30.000 dólares. Los tripulantes señalaron que los marinos nunca presentaron ningún permiso de abordaje y que, al solicitarlo, los militares se tornaban más agresivos. La Embajada de Estados Unidos, por su parte, ratificó que las acciones contaban con autorización y que siempre se había trabajado en coordinación con la Armada ecuatoriana.

 

El 21 de mayo de 2006, los siete tripulantes del pesquero Delfín, proveniente de Esmeraldas, fueron protagonistas de un confuso incidente a unas millas de las costas del Perú. Según su testimonio, la embarcación había zarpado el 4 de mayo desde Esmeraldas para realizar labores de pesca, pero una falla en el reductor la mantuvo a la deriva durante 17 días. Al ser encontrados por el buque estadounidense USS Stephen L. Groves, los militares se ofrecieron a ayudar a reparar la maquinaria, pero según el maquinista Pedro Landázuri, "los estadounidenses agravaron el daño de la embarcación" y luego les indicaron que tenían dos horas para abandonarla. Los pescadores se negaron, argumentando que el barco ya estaba en condiciones de navegar, pero fueron amenazados. Los tripulantes: Héctor Quiñónez, Segundo Cuero, Jovino Saá, Pedro Landázuri, Floreano Casierra, José Luis Meza y Basilio Salazar, fueron trasladados a Puerto Baquerizo Moreno, donde permanecieron en las instalaciones de la Segunda Zona Naval. Seis de los siete ocupantes no constaban en el zarpe otorgado por la Capitanía del Puerto de Esmeraldas, lo cual constituyó materia de investigación adicional. El paradero del Delfín, avaluado en 80.000 dólares, nunca fue determinado por las autoridades navales.

 

Redacción. (2 de junio de 2006). Pescadores denuncian nuevos abusos de marinos de EE.UU. El Universo, sección Política.

 

Redacción Galápagos. (25 de mayo de 2006). Siete pescadores denuncian un confuso incidente en alta mar. El Comercio, sección Judicial.

 

 

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2009

 

En mayo de 2009, cuando el Gobierno de Rafael Correa preparaba la no renovación del convenio de uso de la Base de Manta y los militares estadounidenses iniciaban su retirada, la Comisión de Asuntos Internacionales y Seguridad Pública de la Asamblea Nacional realizó audiencias en Manta para recopilar denuncias sobre los hundimientos. El 22 de julio de 2009, la comisión confirmó que los norteamericanos sí procedieron al hundimiento de al menos 9 barcos: el Éxito, Don Ignacio, Challenger, Varia Mariela, Diego Armando, Margyl Margarita y María Julia, entre otros.

 

El comisionado Edisson Narváez señaló que existía "una infinidad de denuncias, que de llegarse a comprobar es necesario que el Estado ecuatoriano proceda a realizar acción alguna en la que cabe la indemnización. Deberán asumir responsabilidad civil y penal, y si procede hay que entablar demandas internacionales." Marcos Martínez, presidente de la Comisión, manifestó que el convenio fue violatorio a las normas constitucionales, por no haber sido tratado conforme a la ley.

 

El barco Pamelita permanecía varado en Playa Mía, en Tarqui, como símbolo de los pesqueros hundidos. Según Miguel Morán, activista social y opositor histórico a la presencia del FOL, la nave llegó averiada a la playa luego de ser abordada por guardacostas de los Estados Unidos para buscar droga en sus compartimentos, sin que se encontrara nada. El gremio de pescadores artesanos registró entre 50 y 80 naves afectadas en los años de operación del FOL. Hermenegildo Santana, conocido como "El Champion" en Manta, denunció la desaparición de su hijo Johnny en el pesquero Jorge IV el 5 de junio de 2001, junto a otros 17 tripulantes, sin que hasta la fecha se conociera su paradero.

 

La Embajada de Estados Unidos negó los abusos y sostuvo que los afectados habían recibido formularios de indemnización al momento del abordaje, y que los barcos sospechosos de cargar droga fueron revisados conforme a las prácticas internacionales. Al cierre del FOL en septiembre de 2009, Jacobo Jara, pequeño empresario pesquero de Manta, declaró: "Más de 80 barcos fueron hundidos, uno desaparecido. Yo nunca quedé ni con barco, ni moto." Aunque la Comisión Legislativa entregó su informe al presidente Correa y se contempló la posibilidad de emprender demandas internacionales, la naturaleza tardía de muchas denuncias y las versiones contradictorias entre las partes dificultaron el establecimiento de responsabilidades penales concretas, dejando a la mayoría de los armadores y tripulantes afectados sin una reparación efectiva.

 

Redacción Judicial. (20 de julio de 2009). Los diez años de EE.UU. en Manta: El hundimiento de barcos desacreditó la labor del FOL. El Comercio, sección Judicial.

 

Redacción. (22 de julio de 2009). Se confirma hundimiento de 9 barcos: Comisión investiga base estadounidense. El Comercio.

 

 

Misión de Verificación del CDH 15 y 16 abril 2026

 

 

Comunidad de San Mateo, Manta. 

 

 

Según testimonios documentados, en marzo del 2026 ocurrieron los hundimientos de las embarcaciones “Don Maca” y “La Negra Francisca” de la comunidad de pescadores artesanales San Mateo en Manta. Estos ataques fueron perpetrados por patrullas militares de Estados Unidos dentro de aguas territoriales del Ecuador, cerca de las Islas Galápagos, mientras la tripulación de las embarcaciones desarrollaban el usual trabajo de pesca. Además, el ataque a las embarcaciones Don Maca y La Negra Francisca, incluyó el uso de drones artillados y embarcaciones con militares estadounidenses.

Identificamos un patrón de conducta en estos ataques en alta mar que dejó varios heridos graves, así como la detención arbitraria y torturas a más de 20 de pescadores en total, que incluyó largos períodos de incomunicación hasta ser entregados días después a patrulla de la marina de El Salvador, sin cargos en su contra. Posteriormente ambos grupos fueron repatriados a Ecuador.

Un caso similar pero agravado es el hundimiento de la embarcación “ Fiorella” de la comuna Jaramijó ocurrido en enero del 2026. En este caso, 8 pescadores aún se encuentran desaparecidos. Dos sobrevivientes de este ataque narraron que, al momento de estar en una lancha pescando, lejos de la embarcación “Fiorella”, lograron observar humo y a partir de allí se desconoce el paradero de esa nave y de su tripulación.

De acuerdo a la información recabada, desde el CDH consideramos que la tripulación de las tres embarcaciones sufrió desaparición forzada por parte de fuerza militar extranjera.

Además es altamente preocupante el total hermetismo, inacción y silencio de las autoridades del Gobierno Nacional frente a este fenómeno de grave vulneración de Derechos Humanos de pescadores artesanales de Manabí.

 

 

Testimonios.

 

 

EMBARCACIÓN NEGRA FRANCISCA DUARTE

 

 

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HERNAN FLORES

Mi nombre es Hernán Flores. Soy el capitán de la embarcación Negra Francisca Duarte. He desempeñado este rol por unos veinte años. Soy habitante de San Mateo y la embarcación pertenece a mi padre. Salimos a faenas el 2 de marzo.

La revisión de rutina

El martes 17 de marzo, a las cinco de la mañana, nos abordó la guardacosta LG-30 de Galápagos para una inspección de rutina, estábamos a unas 170 millas de las islas, todavía en aguas ecuatorianas, territorio donde nosotros podemos trabajar. Ese tipo de controles los hemos tenido antes; es algo normal. Cuando la guardacosta encuentra un barco, revisan la pesca y verifican que no haya nada ilegal. Gracias a Dios, todo estaba bien. A las ocho de la mañana ellos se retiraron y nosotros continuamos nuestro rumbo 110 hacia el puerto de Manta.

Los drones

Cerca de la una y media de la tarde, mientras yo estaba en la cabina de mando, los muchachos que estaban en la cubierta me alertaron: "Capitán, ahí viene un dron". Vieron dos drones que traían unos tubitos colgando. Yo les respondí que no podíamos hacer nada y que siguiéramos el rumbo, pensando que eran solo drones de filmación y que no sabíamos que podían traer bombas.

En ese momento ocurrió el impacto: una explosión tan fuerte que nos dejó los oídos zumbando. Los drones impactaron atrás, en la popa y en la cabina. Un dron incluso pasó por la ventana y cayó en la cubierta; era un aparato de cuatro alitas y un tubo en medio. En total fueron dos drones y un mini avión de observación con dos aletas que nos siguió mientras nos dirigíamos al barco azul.

Mi sobrino Jordi

Bajé la marcha del barco y salí. Vi que a Jordi le había caído el techo encima; el dron había pasado justo a su lado. Como él es alto, el impacto le cortó profundamente; se le veía el hueso y tenía la cara partida, además de las quemaduras. No dejaba de gritar por su pie destrozado.

Los muchachos agarraron los extinguidores, pero las llamas se extendían rápido. Algunos se lanzaron al agua por el susto. Llevábamos cuatro fibras de pesca, de las cuales logramos jalar dos para recoger a todos, tanto a los que estaban en el mar como a los que seguían en el barco. En una fibra íbamos ocho personas y en la otra los ocho restantes. Quise agarrar el dron cuando la lancha nos fue a rescatar, porque quería tener la prueba, pero me dio miedo que explotara. Además, estoy seguro de que, si lo hubiéramos tomado, los gringos nos lo habrían quitado.

Una vez a salvo, procedimos a buscar aquel barco azul. Mientras navegábamos, un mini-avión de observación nos seguía desde el cielo; manteníamos la mirada fija en él por temor a que nos lanzara otra bomba. Cuando finalmente alcanzamos el barco, notamos que nunca nos auxilió ni mostró intención de ayudarnos; al contrario, parecía cambiar de rumbo para alejarse. Tardamos unos cuarenta minutos en alcanzarlos.

El barco gringo

Al acercarnos con el herido, vimos a varios gringos apuntándonos con armas. Nos gritaban "manos arriba" en español, pues utilizaban traductores. Yo fui el primero en subir; me esposaron con las manos atrás, me pusieron una funda en la cabeza y me llevaron a la parte superior del barco. Nos fueron sentando uno por uno en la cubierta. Como los muchachos iban descalzos y el piso era de puro fierro caliente por el sol, nos tiraban agua en los pies. Alrededor de las tres de la tarde nos dieron una botella de agua y el barco comenzó a navegar.

Al amanecer del miércoles, nos bajaron a todos. Nunca nos preguntaron qué había pasado ni qué accidente hubo, solo nuestros nombres. Recuerdo que uno de los compañeros lloraba y se quejaba; cuando intenté hablarle, nos ordenaron hacer silencio. A mi sobrino Jordi lo dejaron abajo para atenderlo, pero a otro compañero que estaba quemado no lo asistieron; él durmió con nosotros en el piso y al día siguiente su camisa estaba pegada a las ampollas de las quemaduras. Yo también tenía un golpe en la cabeza con sangre y solo me echaron agua. Andaba con muchos mareos por los golpes que tenía.

Durante la navegación pasamos mucho frío; nos caía agua en el barco y nos tenían a todos amontonados en un solo sitio en la proa. Los muchachos solamente iban en pantaloneta. Había compañeros con lesiones en la cabeza, otros con quemaduras, y uno que estaba todo morado por los golpes. Otro compañero, al momento de jalar una fibra, se cayó y se lastimó tanto que no podía dormir; tenía que hacerlo de lado o sentado. Dormíamos en el piso, en una zona que tenía como piedritas; estábamos con las esposas puestas y nos virábamos de lado por el frío.

El error que no reconocieron

Jordi nos contó después que, mientras lo atendían abajo, vio a los gringos discutiendo frente a un pizarrón donde tenían dibujado un barquito y dos drones. Cuando él les dijo que la guardacosta ecuatoriana ya nos había revisado esa misma mañana, los gringos se rascaron la cabeza y empezaron a insultarse entre ellos, echándole la culpa a uno de ellos que era gordito. Se dieron cuenta del error porque ellos no nos investigaron antes de atacar; simplemente nos detuvieron y nos obligaron a guardar silencio. Pero aun así nos mantuvieron encapuchados y sin comida.

A las seis de la tarde de esa misma tarde, pasó cerca de nosotros el barco Solavis, donde andaba un sobrino mío. Él logró tomar fotos del barco incendiándose y de las lanchas. Había una lancha que parecía haber sido bombardeada y lograron recuperar un motor. En ese video están las coordenadas exactas del incendio. Esa noche mi sobrino envió los videos por internet y la gente comenzó a especular. Nuestros familiares estaban desesperados porque pensaban que no había sobrevivientes.

Los que se lavaron las manos

En la mañana nos trasladaron a una lancha grande de la guardacosta salvadoreña. Los salvadoreños se sorprendieron porque no les entregaron evidencias; solo nos entregaron como náufragos. El nombre del barco gringo era Atlantis, algo como Atlantis Ocean o Splin, no estoy seguro. Pero la guardacosta salvadoreña lo sabe bien porque ellos mismos nos entregaron a ellos. Eran militares gringos; usaban uniformes como de color café y tenían armas.

Los salvadoreños sí nos preguntaron qué había pasado y nos dieron comida y agua durante los ocho días que duró el trayecto hasta El Salvador. Llegamos a El Salvador el lunes a las diez y media de la noche. Fue entonces cuando informaron que éramos náufragos y mi familia en San Mateo se enteró por las noticias a la madrugada. Llegamos a un lugar llamado Puerto Unión, en El Salvador. Desde allí, la policía nos llevó en un viaje de cuatro horas en bus hasta la ciudad de San Salvador.

Nos investigaron para ver si teníamos antecedentes y comprobaron que somos ecuatorianos de San Mateo y Manta. En El Salvador las leyes son muy estrictas; el proceso fue rápido y nos enviaron a migración porque necesitábamos un salvoconducto de emergencia para el viaje de regreso.

Rechazamos totalmente las declaraciones del ministro de Defensa. Si ellos tienen tanta tecnología, ¿por qué nos bombardearon? ¿Por qué no nos llamaron por radio o se acercaron? ¿Cómo puede una guardacosta gringa entregarnos a El Salvador sin ninguna evidencia, solo con la palabra ‘’náufragos’’? Si estuviéramos en algo ilegal, nos habrían llevado a la base de Galápagos, que estaba más cerca. Simplemente se lavaron las manos.

El otro muchacho, mi sobrino Jordi, aún sigue hospitalizado en el Rodríguez Zambrano. Lo peor es que no han tenido ninguna asistencia de salud pública; los familiares mismos están cubriendo todos los gastos de las medicinas porque el hospital no les ha ayudado en nada. Se le veía el hueso y todo, era algo feísimo.

 

 

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CARMEN ESPINOZA

Mi nombre es Carmen Espinoza. Soy manicurista y esposa de uno de los tripulantes de la embarcación Negra Francisca Duarte que fueron atacados en alta mar. Mi esposo lleva treinta años en la pesca. Esta es la primera vez que nos sucede algo semejante.

La noche en la Capitanía

Nos enteramos de lo sucedido el martes 17 de marzo. Mi compañera se acercó a la Capitanía alrededor de las diez de la noche para pedir respuestas, porque ya circulaban videos en redes sociales. Yo no pude asistir en ese momento porque tengo una niña pequeña de un año y vivo en Jaramijó, lo que dificultaba mi salida a esa hora. Ella me informó que estuvo allí hasta las tres de la mañana y no recibió ninguna respuesta; de hecho, los funcionarios nunca abrieron la puerta y los familiares permanecieron a la intemperie toda la madrugada.

Al día siguiente me acerqué desde las diez y media de la mañana hasta las dos de la tarde, pero tampoco hubo respuesta alguna.

Las condolencias que nadie pidió

El jueves 19 de marzo, el Comandante Criollo se limitó a dar sus más sinceras condolencias en una rueda de prensa, alegando públicamente que los tripulantes estaban en aguas internacionales con sustancias ilícitas. Sin embargo, ese mismo día tuvo una reunión privada con un familiar de cada tripulante donde pidió disculpas, admitiendo que se había equivocado con la ubicación al no percatarse de que la información de su teléfono era errada. Nosotros exigimos una disculpa pública, porque detrás de cada tripulante hay familias e hijos, y no es justo que se deduzcan cosas sin fundamentos. Prometió darla en una rueda de prensa y nunca lo hizo. De hecho, se enojó cuando se le recordó su promesa.

Cabe recalcar que a las cuatro de la madrugada del 17 de marzo, ellos ya habían sido abordados por guardacostas de San Cristóbal. No tenían nada ilegal; venían de regreso a casa con su pesca. Queremos una explicación de por qué el comandante dio esa versión si en la Capitanía debe existir el registro de San Cristóbal que confirma que venían sin novedades. ¿Por qué fueron bombardeados a las dos de la tarde? ¿Cuáles fueron los motivos? Hasta el momento no tenemos respuestas.

Lo que mi marido vivió

Mi marido cuenta que cuando los capturaron los americanos, él tenía una lesión muy grave en el pie y no podía caminar. Aun así, lo maniató con las manos hacia atrás. Cuando pidieron ayuda, los pasaron hacia adelante, pero les cubrieron el rostro con un saco, como de harina. Mi marido dice que, debido al intenso dolor en su pie, intentaba moverse, y por eso le golpearon la cabeza unas tres veces para obligarlo a no mirar hacia arriba, donde estaba la bandera de los americanos. Eso es una violación flagrante a sus derechos.

Era el primer viaje de mi esposo en esa embarcación específica; el esposo de mi amiga llevaba unos dos o tres viajes. Pero siempre han estado vinculados a las faenas de pesca; es el trabajo de toda su vida.

Ocho días en la oscuridad

Pasaron ocho días exactos desde el incidente hasta que supimos con exactitud dónde estaban. Nos enteramos por las fuerzas de El Salvador; ellos lo hicieron público y lo subieron a Facebook. Fue por ese medio que supimos, porque por parte de la Capitanía de aquí jamás recibimos información, ni siquiera tenían un número de contacto. Incluso la Capitanía salvadoreña puso un número en Facebook al que nosotros simplemente llamamos.

Cuando vimos la noticia en redes, el alma nos regresó al cuerpo al saber que, gracias a Dios, estaban vivos.

Después, el capitán de aquí salió en una rueda de prensa como si él hubiera gestionado todo, cuando en realidad no hizo nada.

Las marchas y los plantones

Creamos un grupo para coordinar acciones en la Capitanía. Hicimos carteles con fotos de nuestros esposos, marchas y un plantón. Desde San Mateo nos apoyaron con dos autobuses, pero el Comandante nunca dio la cara y se mantuvo siempre a puerta cerrada. Incluso cuando permitían entrar a los periodistas, no nos informaban nada a nosotros como familiares. De las acciones legales se encargó el abogado. Nosotros nos enfocamos en realizar las marchas, los plantones y el reclamo público directamente en la Comandancia. Fue una reclamación constante por la poca y mala respuesta que recibimos.

Lo que el Estado no hizo

La Cancillería salvadoreña no hizo nada referente a los pasajes; eso lo proporcionaron los dueños de la embarcación. Se habló de poner un vuelo humanitario para los tripulantes afectados, pero eso jamás se dio.

Como los familiares aquí queríamos el regreso inmediato de nuestros parientes, el dueño ayudó con la compra de los vuelos.

Empezaron a retornar unos cinco días después de las publicaciones en redes sociales. Regresaron primero los que estaban bien. En ese lapso de cinco días sí tuvimos comunicación con ellos gracias a la Cancillería de El Salvador; había un intermediario, un funcionario salvadoreño, que nos facilitaba el vínculo telefónico para hablar con nuestros familiares. No llegaron el mismo día: fueron llegando por grupos, primero tres, luego cinco, después otros ocho. Mi esposo llegó cinco días después de que logramos esa comunicación.

No realizan ningún tipo de ayuda; ellos son vulnerables en el mar, esa es la realidad. Se están violando sus derechos y nosotros exigimos respuestas, porque no es posible que el Capitán de la Capitanía diga que son unos delincuentes cuando no tiene bases ni fundamentos. Luego, tras dos días, hablan de un rescate cuando ellos jamás hicieron nada; ni siquiera tuvieron la delicadeza o la empatía de darnos una esperanza.

Nos preguntamos qué seguridad hay para que vuelvan a salir a sus faenas si el Estado ecuatoriano y la Capitanía no hacen nada para respaldarlos.

 

 

EMBARCACIÓN MACA

 

 

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JOHN SEBASTIAN PALACIOS

Mi nombre es John Sebastián Palacios. Salimos a pescar el 18 de marzo del 2026 desde San Mateo, en la embarcación Don Maca. Navegamos ocho días en alta mar. Somos pescadores, no delincuentes, y lo que nos pasó no debería haberle ocurrido a nadie.

La patrulla nos seguía

A los siete u ocho días ya divisamos la patrulla. Nos siguió una noche entera mientras pescábamos, y la verdad es que sentimos preocupación porque los gringos nos andaban siguiendo. Simplemente nos dedicamos a pescar. Hicimos el primer cale y al día siguiente recogimos la pesca en la mañana. En ese primer cale sacamos 160 piezas entre picudo, albacoras y tollos; ya habíamos llenado casi un winche.

Siempre hemos usado esa ruta de pesca.

El ataque

A las cuatro de la tarde, yo estaba en la bodega acomodando el pescado cuando oímos dos detonaciones.

Una impactó en la parte de atrás, volando el tanque del combustible. Si el impacto hubiera sido una cuarta más arriba, no estaríamos aquí para contarlo porque todos los cilindros habrían explotado ahí. De ahí vino el otro tiro, más o menos por donde tenemos la comunicación.

Un compañero que estaba ahí resultó afectado; ahora tiene un daño psicológico y problemas en el ojo y en el oído, ha perdido casi toda la audición. Se llama Erick Fabricio Coello Saltos, de 27 años. Hay otro compañero más que ha quedado parcialmente sordo de un oído.

Ellos, en vez de atacarnos, ¿por qué no llamaron al barco? Tienen radio y pudieron decir: "¿Saben qué? Pasa esto, vamos a revisar el barco". Pero no, ellos nos atacaron sin previo aviso.

Esposados y encapuchados

Al ver a los gringos que daban vueltas, salimos a cubierta. Hay un video donde aparezco con una camisa blanca haciendo señas mientras la patrulla se acercaba. Era una patrulla azul, la Trans-Oceanic; tenía tres contenedores grandes atrás. Hicimos señales para que se acercara. Se acercó poco a poco y de lejos nos indicaron que saliera uno. Fuimos el capitán, mi persona y otro tripulante hacia allá. Nos preguntaron cuántos éramos y respondimos que veinte. Preguntaron si había heridos y confirmamos que uno. Dijeron: "Vengan para acá todos". Nosotros fuimos hacia ellos en la lancha.

Al ir subiendo, nos fueron esposando y encapuchando a todos. Después de que nos encapucharon, hicieron dos tiros más al barco. Tras media hora, hundieron la embarcación. Teníamos tanto miedo que no nos atrevíamos ni a buscar los teléfonos para grabar, pensando que si hacíamos un movimiento en falso nos dispararían de nuevo. Estábamos todos en la borda, listos para lanzarnos al agua con pomas si daban un tiro más.

Fueron los drones primero y luego la embarcación gringa. El barco todavía estaba a flote cuando nosotros subimos a las naves de ellos; fue en ese momento, después de que nos sacaron y nos encapucharon, cuando atacaron la embarcación y las lanchas para hundirlas. Había dos drones pequeños y uno más grande vigilando. Con su tecnología y radares, ellos tenían una visual completa de nosotros y sabían perfectamente que estábamos pescando de forma legal.

Ocho días en el Pacífico

Navegamos más o menos hasta las doce de la noche y nos pasaron a otra patrulla, una salvadoreña.

Cuando llegó esa patrulla, pensamos que nos iban a matar porque estábamos esposados y caminábamos hacia la orilla. Al sacarnos la capucha, los otros compañeros estaban asustados porque nos apuntaban. El capitán de la patrulla salvadoreña nos dijo: "Bueno muchachos, por el bien de ustedes y de mi tripulación, vamos a tener que esposarlos". Dormimos la noche esposados y así estuvimos ocho días hasta llegar a El Salvador. Dormíamos arriba en la cubierta, recibiendo sol y agua. Nos daban de comer una o dos veces al día.

Allá fuimos a dar declaraciones. Fue entonces cuando nuestras familias se enteraron de que estábamos vivos gracias a la compañera que tomó la foto, porque mientras estábamos en la patrulla preguntábamos si habían dado aviso y nos decían que sí, que ya le habían comunicado a la Marina del Ecuador, pero nunca pasaron información ni fotos.

 

 

EMBARCACIÓN FIORELLA

 

 

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EDUARDAS MORERA ESPINAL

Mi nombre es Eduardo Morera Espinal. Soy el dueño de la embarcación Fiorella. Mi historia con la pesca comenzó cuando tenía quince años, junto a mi padre, que fue capitán y armador. El barco Fiorella nunca había tenido un incidente en su historia.

La señal que se perdió

Hasta antes de que salieran, manteníamos contacto con ellos porque llevaban internet. Hablaba con el capitán y con el maquinista sin ningún inconveniente; ellos contestaban y me decían que no tenían ninguna falla, que iban a su faena de pesca para capturar pulpos. Navegaron unos tres o cuatro días hasta llegar a la zona donde iban a pescar, alcanzando la posición 85 y la 012 Sur. Un día antes del incidente se les había dañado el internet, pero igualmente, por el tema de los piratas, siempre llevan un teléfono satelital.

Yo monitoreaba el barco todos los días a través de la computadora. El chip de rastreo funciona como el de los carros nuevos. Ese día vi que la señal marcó hasta la una del mediodía del lunes. Me asusté porque, cuando algo así ocurre, ellos suelen llamar inmediatamente para avisar de cualquier falla. Como el capitán sabía que yo lo monitoreaba, el hecho de que no me respondiera me hizo sentir desesperado.

Fui a la casa de la esposa del maquinista y luego a la del papá del capitán para conversarles; finalmente, tomamos la decisión con mi esposa de ir a la Capitanía para dar el parte, porque un barco no desaparece así de un momento a otro. Dejamos los escritos y la denuncia en la Capitanía, pero al día siguiente, al no ver ninguna reacción, fuimos también a la Fiscalía con un abogado para poner la denuncia formal.

Los días anteriores al ataque

Unos tres días antes de que esto pasara, el capitán le avisó a su esposa que los estaba siguiendo una patrulla y un dron les daba vueltas. Era casi el mismo caso de las otras embarcaciones. El capitán también me mandó un mensaje diciendo que la patrulla lo seguía mucho, pero que iba a seguir con el rumbo, tal como hicieron los demás capitanes; pensaba que si los paraban o abordaban, no habría problema porque no tenían nada ilegal y simplemente andaban pescando. Al día siguiente la patrulla se alejó, pero el dron continuó siguiéndolos.

Las lanchas y lo que vieron

Una vez en las coordenadas de pesca, procedieron a abrir las lanchas. Abrieron dos: mientras una parte de la gente que pescaba en el barco, una lancha caló el espinel (práctica de colocación de línea de anzuelos para pesca) al lado de la nave y la otra lo hizo más lejos, hacia la parte de tierra. Quedaron en encontrarse con el capitán al día siguiente en una posición específica para entregar su pesca, pero el barco nunca llegó.

Los tripulantes de la lancha alcanzaron a visualizar a lo lejos algo que botaba humo negro y oscuro, pero pensaron que tal vez era algún barco mercante que pasaba por ahí, ya que la nave no había mostrado ninguna señal de daño previamente. Se quedaron toda esa noche esperando en la posición acordada y, al ver que el barco no llegaba, fueron a buscar el espinel de la nave.

Lo encontraron. El espinel es el arte de pesca que consiste en un carrete de piola muy largo que lleva un anzuelo encarnado cada treinta o treinta y dos brazadas. Encontraron el espinel, se amarraron a la punta de la bandera y esperaron hasta la noche del día siguiente, pero el barco jamás apareció. Se imaginaron que algo malo había pasado. No se acercaron antes hacia allá porque no tenían suficiente gasolina, así que les tocó arriesgarse y navegar hacia tierra.

En el camino encontraron un barco que les prestó los primeros auxilios y les dio comida. A través de ese capitán hablaron con el dueño, quien luego me llamó para decirme que habían encontrado una de las lanchas del barco. Yo me sorprendí mucho porque el capitán y el maquinista eran personas muy responsables; era algo muy raro que se hubiera perdido la lancha del barco.

Cuando llegaron los dos tripulantes que se salvaron, confirmaron que la patrulla y el dron los venían siguiendo, y que aunque la patrulla se separó, el dron se mantuvo allí hasta que ellos se abrieron para pescar y perdieron de vista el barco. Con mucho sacrificio y préstamos habíamos construido ese barco. Estábamos trabajando muy bien.

 

 

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JOHNNY VALENCIA

Mi nombre es Johnny Valencia. Soy pescador de Jaramijó, en la provincia de Manabí. Empecé en el oficio desde los ocho años y tengo cincuenta y dos años en el mar. Soy capitán encargado de barco con unos veinticinco años de experiencia. Desde el 20 de enero no sé nada de mi hijo Juan Carlos, capitán de la embarcación Fiorella. Salieron el 13 de enero del 2026 y el incidente ocurrió exactamente a la una de la tarde de ese martes 20 de enero.

La embarcación Fiorella

La Fiorella es una embarcación pequeña, de unos quince metros de largo por cinco de ancho; mucho más pequeña que el Don Maca o la Negra Francisca. Salieron con diez tripulantes. Mi hijo andaba como capitán.

Tenían dos lanchas desprendidas: una hacia el norte y la otra hacia el este, a unas quince millas. Había dos personas en cada lancha y seis se habían quedado a bordo de la Fiorella. Estaban parqueados, como se dice, porque habían calado el espinel (práctica de colocación de línea de anzuelos para pesca).

La última comunicación

Hablé con mi hijo a las ocho y media de la mañana del martes 20 de enero de 2026 por teléfono satelital y le pregunté cómo estaban las cosas. Me dijo: "Padre, las cosas están bien; lo único es que nos han andado siguiendo drones y patrullas". Pero como andaban trabajando tranquilos, nunca pensamos en lo que iba a pasar. Eso fue lo último que supe de él. Se terminó el saldo del internet satelital poco después, y el mensaje que me envió con su ubicación fue porque le andaban siguiendo los drones.

Los drones que venían siguiéndolos

Antes, la presencia de patrullas y drones era usual pero distinta. La patrulla solo daba una vuelta, los revisaba y se iba. Los drones y aviones solo pasaban. Pero esta vez fue diferente: desde los días 17, 18 y 19 de enero les estuvieron dando vueltas. Inclusive una guardacosta ecuatoriana llegó a estar a solo una milla de distancia de ellos. El día 20 de enero, a la una de la tarde, fue el ataque. A esa hora se perdió totalmente la señal del chip de rastreo. Incluso el dueño del barco me llamó para decirme que ya no tenían señal, y aunque pensamos que podía ser una falla, nunca había pasado algo así.

La lancha que se encontraba al este llamó por radio desesperado tres veces: "¡Capitán, capitán!", pero se perdió la comunicación también con la otra lancha del norte.

Aguas nacionales, no internacionales

Son puras aguas nacionales, señor. Es territorio ecuatoriano; estamos frente al puerto de Manta. Ellos se encontraban aproximadamente en las coordenadas 85 05 y 012 Sur, lo que equivale a unas 240 o 250 millas de la costa. En la Capitanía dijeron que ellos tenían otras coordenadas y que estában en aguas internacionales. Yo le dije al Capitán del Puerto que no, que las coordenadas que ellos manejaban no eran internacionales. Tal vez pensó que yo no conocía, pero yo también soy capitán y sé que estábamos en aguas nacionales.

Tengo como veinticinco años de experiencia; sé dónde está Ecuador, dónde está Perú y dónde está Colombia. Si fuera internacional, tendría que haber sido una patrulla colombiana, no una americana.

Los dos sobrevivientes

En el caso del Fiorella no tenemos una evidencia física como la de la Negra Francisca, pero sí tenemos los testigos que vieron cómo el barco humeaba. Son dos sobrevivientes que andaban en la fibra "Primer Mandamiento"; uno se llama Ignacio y del otro desconozco el nombre. Estaban calados hacia el este y, aproximadamente a la una de la tarde del 20 de enero, divisaron una humareda hacia el oeste, en la dirección donde se encontraba la Fiorella.

Se quedaron jalando el espinel hasta cerca de las siete de la noche, esperando que la Fiorella llegara a recogerlos como era rutina, pero la embarcación nunca apareció. Se mantuvieron en la zona durante el día siguiente y revisaron unas tres o cuatro millas a la redonda, pero no encontraron rastro alguno. Decidieron navegar hacia el puerto y, en el trayecto, se encontraron con otra embarcación que finalmente los trajo a tierra. Fue entonces cuando supimos de lo ocurrido y ellos procedieron a dar su testimonio tanto en la Capitanía como en la Fiscalía.

El Capitán del Puerto cuestiona de forma absurda el testimonio de uno de ellos. Al llegar al puerto, ese tripulante no recordaba el nombre exacto de la fibra en la que andaba y le preguntó a su compañero, anotándolo en un papel: "Primer Mandamiento". Cuando estaba rindiendo su versión oficial, consultó el papel para precisar el nombre, y el Capitán del Puerto alegó que el testimonio no era válido porque "estaba leyendo lo que iba a decir". Es un argumento totalmente ilógico y fuera de lugar.

Maldad que no tiene nombre

No estamos satisfechos con la respuesta de la Capitanía porque no nos ayudan. En la Capitanía no nos dicen lo que debe ser ni nos dan respuestas claras. Lo que les pasó a la Negra Francisca Duarte y al Don Maca tiene que haberle pasado a la embarcación Fiorella; de hecho, ellos fueron los primeros en ser atacados. Lo que queremos, es que estén con vida o en cualquier cárcel, pero que por favor los regresen.

Antes Manta había sido un lugar con presencia de Estados Unidos, hace unos quince años, durante el Plan Colombia. En ese entonces esa presencia también dejó casos de ataques a pescadores y hundimiento de naves. En esos años, imagínese cuántos barcos y cuántas embarcaciones se perdieron. Nosotros nos dedicamos a la pesca, somos personas pobres y ellos vienen a hacernos un mal aquí al Ecuador cuando nosotros no le hacemos daño a nadie.

Hubo una consulta popular donde dijimos que no queríamos bases militares estadounidenses, pero prácticamente el voto de los ecuatorianos no vale, porque aunque la mayoría dijo que no, igual están aquí.

Ya tienen muchos años aquí, lo que pasa es que no atacaban como están atacando ahorita.

 

 

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MARIA MERO

Mi nombre es María Mero. Tengo a mi esposo y a mi hermano en la embarcación Fiorella. No tenemos noticias de ellos desde el 20 de enero, cuando desaparecieron. Ya son tres meses.

Tres meses de silencio

Desde que desaparecieron no se han comunicado. No entendemos por qué se los llevan sin darnos información. Lo único que queremos es que los devuelvan. Si alguna patrulla los tiene o están presos, que nos lo hagan saber y los entreguen, porque ellos son pescadores. Son inocentes y no andaban haciendo nada malo.

Estamos sufriendo todos por esto. Pedimos que se apiaden de nosotros, porque hay niños que necesitan a sus padres. Los ocho pescadores que están retenidos necesitan a sus familias y nosotros también los necesitamos a ellos.

Esta experiencia ha sido muy dolorosa; estamos desesperadas por no saber de ellos. Queremos saber dónde los tienen. Los queremos de regreso con vida porque la incertidumbre es insoportable.

Los que quedamos esperando

Tengo una niña pequeña que llora por su papá. El padre de mi esposo está enfermo. La mamá de mi esposo acaba de fallecer. El padre sufre de diabetes. Y mi hermano también está desaparecido. Es una situación desesperante para nosotros.

Las autoridades no nos han ayudado; nos han dejado a un lado. No tenemos conocimiento de que se haya realizado ninguna búsqueda real. Cuando hemos ido a la Capitanía exigiendo información, no nos dan nada.

Ya ha pasado antes

Ya han ocurrido casos similares anteriormente aquí en Jaramijó, hace tiempo, pero se habían detenido. Sin embargo, desde el mes de enero han vuelto a hacer lo mismo con los pescadores. Creemos que la patrulla hizo lo mismo que con las otras embarcaciones: los atacaron y se los llevaron. Así como se los llevaron, exigimos que los retornen.

Si están presos o bajo custodia de una patrulla, exigimos que los regresen. Los queremos de regreso con vida. Le pedimos directamente al presidente Daniel Noboa y al presidente de los Estados Unidos que, por favor, dondequiera que los tengan, los devuelvan. Son pescadores inocentes y ya han pasado tres meses.

 

 

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MARÍA CUEVA

Mi nombre es María Cueva. Mi hijo Jefferson Mera Cueva tiene veinticinco años y lleva casi diez en la pesca; empezó cuando tenía dieciséis. Salió a faenas el 13 de enero y desde el 20 de ese mes no ha regresado. Era el pilar de nuestra casa.

El pilar de la casa

Actualmente no hago nada. Mi hijo era quien trabajaba para el sustento de todos nosotros. Su papá está enfermo; padece de diabetes e hipertensión. Desde que no está, la estamos
pasando muy mal. Lo único que pido es que mi hijo regrese o que, dondequiera que lo tengan, me den una comunicación o una llamada para saber que está con vida. Eso es lo que le pido a Dios, que me ayude a encontrarlo.

Nunca antes Jefferson había tenido incidentes de este tipo. Es la primera vez. Salió a faenas de pesca y ya no regresó.

Las puertas cerradas

Hemos ido a la Capitanía, pero nos cierran la puerta y no nos atienden. El Capitán Diego Criollo se niega a recibirnos; siempre dice que está ocupado y que hay que sacar cita para que lo atienda a uno. Esto pasó por los meses de enero y febrero. Éramos varias familias las que fuimos; yo subí la última vez.

Lo que nos dijo la Capitanía es que ellos ya habían cerrado el caso. Alegaron que ya estaban muertos y que fuéramos a hablar con el dueño para que nos diera la indemnización porque ya no iban a volver. Eso fue lo que nos dijo el Capitán del Puerto. Pero nosotros mantenemos la esperanza de que ellos regresarán.

Las palabras del Capitán nos causaron mucho dolor; en lugar de ayudarnos, parece que quiere desanimarnos o entristecernos para que dejemos de buscarlos. En vez de darnos apoyo, nos dio la espalda. Estoy segura de que él no ha mandado a buscar a nadie.

El espinel y lo que encontraron

El dueño del barco fue quien envió una embarcación privada a buscarlos después de que se perdieron. Hallaron el espinel del barco en el lugar donde se encontraba la nave. El espinel es el arte de pesca, donde ellos pescan. Por eso estoy segura de que a la Fiorella le pasó lo mismo que a los otros barcos; fue la primera embarcación a la que le hicieron eso. Estoy convencida de que ellos mismos fueron.

Si se encontró el espinel en ese lugar, debieron investigar si el barco estaba hundido o enviar buzos. Pero no tenemos información de que eso se haya hecho.

Mientras no aparezcan los cuerpos

Mientras no aparezcan los cuerpos, nosotros seguiremos reclamándolos con vida.

Solamente pedimos que los devuelvan, que vuelvan ya, porque estamos desesperados. Como madre ya no como ni duermo; no sé ni qué hacer. Mi esposo está enfermo y los niños también. Siento que quiero morir por esta situación.

 

 

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Comité de las Desapariciones Forzadas de la ONU

El 8 de abril del 2026 en CDH envió solicitud al Comité de las Desapariciones Forzadas de la ONU para la emisión de una Acción Urgente por la desaparición de la tripulación de pescadores de la embarcación ecuatoriana Fiorella de la comunidad de Jaramijó en Manabi.

En el pedido, el CDH señala que:

El 13 de enero de 2026, diez pescadores provenientes de Jaramijó y uno de Manta salieron a faena pesquera a bordo del barco nodriza “Fiorella”. La presunta desaparición de la embarcación se habría registrado la noche del 20 de enero de 2026, sin que hasta la fecha se haya informado oficialmente sobre el paradero de ocho. Existen dos sobrevivientes.

Con posterioridad, familiares de los ocho pescadores se trasladaron hasta los exteriores de la Capitanía del Puerto de Manta, donde solicitaron información a las autoridades navales sobre la situación de la embarcación y sus tripulantes. En ese lugar, exigieron la continuación de las labores de búsqueda y el impulso de las investigaciones por parte de la Fiscalía, a fin de esclarecer lo ocurrido.

Sin embargo no han tenido respuestas hasta ahora.

 

Contexto sobre desapariciones previas atribuidas a personal militar estadounidense:

 

En la provincia de Manabí, principalmente en las comunas cercanas a la costa, se han reportado varios incidentes de desapariciones y ataques a embarcaciones pesqueras. El más reciente, ocurrido en marzo de 2026, corresponde a la embarcación “Don Maca”.

Los pescadores de la embarcación “Don Maca” regresaron a la ciudad de Manta luego de haber permanecido en altamar, tras un incidente ocurrido el 26 de marzo de 2026. La embarcación había zarpado desde Manta el 17 de marzo con 20 personas a bordo.

Según los testimonios de los tripulantes, durante su permanencia en altamar fueron interceptados por una embarcación estadounidense. Relataron que, al acercarse, fueron abordados uno a uno, esposados y encapuchados. En ese contexto, indicaron que uno de los pescadores resultó herido.

Señalan que la embarcación “Don Maca” y las lanchas auxiliares fueron bombardeadas y posteriormente hundidas, acción que atribuyen a personal militar extranjero.

Los pescadores manifestaron que, tras estos hechos, fueron trasladados por quienes los interceptaron y posteriormente entregados a personal de la Marina de El Salvador. Desde ese país, fueron receptados por las autoridades correspondientes y luego repatriados a Ecuador.

A su retorno, varios de los tripulantes fueron sometidos a evaluaciones médicas y psicológicas.

De manera paralela, hasta la fecha no existe pronunciamiento oficial por parte de las autoridades ecuatorianas sobre los hechos denunciados. Distintas instituciones, incluyendo la Armada del Ecuador, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, el Ministerio de Defensa, la Cancillería y la Embajada de Estados Unidos, fueron consultadas sin obtener respuesta.

 

Recomendaciones del Comité contra la Desaparición Forzada sobre las Acciones Urgentes

 

Establecer una estrategia integral que incluya un plan de acción y un cronograma para la búsqueda inmediata de los ocho pescadores desaparecidos y para la investigación exhaustiva e imparcial de sus alegadas desapariciones.

Asegurar que dicha estrategia cumpla con los requisitos de la debida diligencia en cada una de las etapas del proceso de búsqueda, incluyendo oficiosidad, inmediatez y exhaustividad de la investigación.

Asegurar que la estrategia adoptada tome en cuenta todas las hipótesis investigativas existentes en el caso, incluso la posibilidad de que los hechos en referencia constituyan una desaparición forzada debido al alegado involucramiento de agentes estatales. En esta perspectiva, el Comité recuerda las alegaciones e información reunidas en el contexto de las presentes acciones urgentes, según las cuales las alegadas desapariciones, habrían ocurrido en un contexto en el que existirían acuerdos de cooperación en materia de seguridad y defensa entre Ecuador y los Estados Unidos de América, que permiten la presencia y actuación de personal militar extranjero en determinados contextos. Además, según las alegaciones recibidas, distintas embarcaciones pesqueras habrían sido atacadas o desaparecidas en la costa de la provincia de Manabí, con la presunta vinculación de personal militar extranjero sin que se hayan adoptado medidas para prevenir y erradicar este tipo de hechos.

Garantizar que la estrategia adoptada determine las acciones a realizar para buscar y localizar, investigar sus alegadas desapariciones e identificar a los perpetradores en vista de todas las hipótesis existentes de manera integrada, eficiente y coordinada, contando con los recursos materiales necesarios y el personal adecuadamente capacitado para localizar a las personas desaparecidas.

Realizar el escrutinio a profundidad de las redes telefónicas con el objetivo de identificar potenciales localizaciones, registros de llamadas y contenidos recibidos y generados (ejemplo: fotos, mensajes, etc.) desde los teléfonos celulares de los ocho pescadores.

Identificar a los dos pescadores que habrían zarpado junto con el grupo de los ocho pescadores desaparecidos, pero se habrían separado del grupo en el camino, recabar su declaración, e integrarla a la investigación por la desaparición de los ocho pescadores.

Tomar todas las medidas que sean necesarias para proteger a los testigos, incluyendo el manejo confidencial de la información relacionada con su participación en los procesos.

Buscar, recopilar y analizar los elementos probatorios vinculados con los hechos bajo consideración, garantizando su preservación y protección conforme a los principios de cadena de custodia.

Establecer sin demora mecanismos de cooperación, coordinación y asistencia con las autoridades competentes de cualquier Estado que, según las alegaciones recibidas, podría estar involucrado en los hechos, incluyendo El Salvador y los Estados Unidos de América, de conformidad con los artículos 14 y 15 de la Convención, para buscar y localizar a los pescadores desaparecidos, así como investigar sus alegadas desapariciones, y asistir a las víctimas de las desapariciones en referencia.

 

 

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Consideraciones preliminares del CDH

 

Las siguientes consideraciones del CDH son identificadas luego de escuchar a los sobrevivientes y familiares de los pescadores aun desaparecidos y de las reuniones de la Misión de Verificación, conformada por Billy Navarrete, Presidente y Fernando Bastias, Coordinador del Area de Protección de nuestra organización con autoridades de la Capitanía del Puerto de Manta, la Fiscalía para Personas Desaparecidas de Manta y la Delegación de la Defensoría del Pueblo de Manta realizada el 15 y 16 de abril del 2026.

- Es preocupante la poco o nula reacción del Estado Ecuatoriano para investigar el hundimiento de las tres embarcaciones considerando testimonios que señalan el seguimiento y ataque de drones y patrullas de Estados Unidos. Además de las condiciones de tortura, desaparición forzadas e incomunicación prolongada durante su privación de libertad por parte de patrulla de EUA.

- Es indispensable atender reclamos de dueños de embarcaciones hundidas, tripulantes sobrevivientes y familiares de desaparecidos que muestran coordenadas satelitales donde habrían ocurrido los ataques en aguas ecuatorianas mientras realizaban las rutinas de pesca.

- Rechazamos el señalamiento de parte de autoridades del Gobierno Nacional de que las naves habrían estado involucradas con el tráfico ilegal transnacional realizado, a modo de excusa por los hundimientos y sin soporte, pese a que los sobreviviente se encuentran en libertad en el Ecuador sin cargo contra ellos.

- No es menor la ausencia de mínimas acciones estatales, de corte humanitaria, para garantizar la repatriación de sobrevivientes desde El Salvador, los costos fueron cubierto por los dueños de las naves. Además de la atención médica de pescadores que aún se encuentran heridos.

 

 

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Asistencia Legal Fernando Bastías

Fotos Billy Navarrete

Trascripción y edición de textos Jennifer Torres y Samir Vargas.

 

 

 

 

Notas de prensa relacionadas.

 

 

16 abril 2026
Familias de ocho pescadores desaparecidos denuncian falta de búsqueda estatal
Diario El Comercio
Ante este escenario, el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) elevó el caso al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, organismo que el pasado lunes exigió a Ecuador implementar acciones urgentes de localización.
Nota completa: https://tinyurl.com/yffb24am

 

16 abril 2026
Desaparición de pescadores enciende alertas y reclamos contra autoridades ecuatorianas
Diario venezolano El Nacional
Ante la falta de acciones concretas, el caso fue llevado al plano internacional. Fernando Bastias, del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH), informó que se acudió al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, el cual instó al Estado ecuatoriano a actuar con urgencia para localizar “de forma inmediata” a los desaparecidos.
Nota completa: https://tinyurl.com/ye2y3d9j

 

16 abril 2026
Comité de Derechos Humanos exige investigar desaparición del barco Fiorella en altamar frente a Ecuador
Portal kchcomunicaciones.com
El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) solicitó investigar la desaparición de la embarcación Fiorella, sin rastros hace casi tres meses en altamar.
La organización activó una acción urgente ante el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas.
El abogado Fernando Bastidas, representante del CDH, explicó que el organismo internacional ya emitió recomendaciones. Entre ellas, pidió establecer cooperación inmediata entre Ecuador, El Salvador y Estados Unidos para ubicar a los tripulantes.
Bastidas indicó que las familias “requieren información oficial que esclarezca los hechos”, lo que hasta ahora no ocurre.
Nota completa: https://tinyurl.com/4y6une3t

 

16 abril 2026
CDH pide a la ONU investigar desaparición de la embarcación Fiorella en Manabí
Diario Ultima Hora
El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) elevó una acción urgente ante el Comité contra la Desaparición Forzada de las Naciones Unidas por la desaparición del barco pesquero Fiorella, del cual no hay rastros desde el pasado 20 de enero de 2026. La organización exige que el Estado ecuatoriano establezca una cooperación inmediata con El Salvador y Estados Unidos para localizar a los tripulantes.
Los abogados de las familias, Fernando Bastidas y Juan Alvía, denunciaron la falta de operativos oficiales oportunos y criticaron que las autoridades marítimas hayan insinuado, sin pruebas, vínculos con actividades ilícitas. Según testimonios, antes de perder contacto, se observaron drones sobrevolando la nave y una columna de humo negro en el horizonte. La defensa sostiene que existen indicios de una posible intervención externa, por lo que solicitan que el caso sea investigado como desaparición forzada.
Nota completa: https://tinyurl.com/bdda5y7f

 

17 abril 2026
ONU exige a Ecuador buscar a ocho pescadores desaparecidos en Manabí
Radio Pichincha
Por su parte, Fernando Bastias, coordinador del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) de Guayaquil, señaló que existe una “incapacidad reconocida” de la Fiscalía debido a la falta de cooperación institucional.
Bastias subrayó que este no es un caso aislado, citando incidentes similares con las embarcaciones ‘Don Maca’ y ‘Negra Francisca II’, las cuales habrían sido atacadas por naves estadounidenses.
Nota completa: https://tinyurl.com/p3bpwxca

 

21 abril 2026
‘We were terrified they were going to kill us’: fishers who survived US boat strike speak out
Díario británico The Guardian
“Un buque estadounidense los interceptó y los obligó a subir a bordo. Una vez detenidos, su barco pesquero fue dinamitado”, declaró Fernando Bastias Robayo, abogado del Consejo de Derechos Humanos (CDH). “Les cubrieron la cara arbitrariamente y luego los abandonaron en la costa salvadoreña. Cualquier aprehensión seguida de detención incomunicada constituye una desaparición forzada.
“Fue una forma de tortura psicológica, la incertidumbre sobre el futuro y el hecho de tener el rostro cubierto”, añadió.
Bastias Robayo afirmó que no ha habido respuesta oficial ni de las autoridades ecuatorianas ni de las estadounidenses.
Nota completa en ingles: https://tinyurl.com/2fw3k27w
Descargue nota traducida por el CDH al español: https://nube.interfabu.com/s/Cr2cGWWGYKF4zpj

 

6 mayo 2026
Pescadores ecuatorianos fueron víctimas de desaparición, detención arbitraria y tortura por parte de EE.UU., denuncian expertos.
Plataforma de noticias para América Latina, Mongabay Latam.
“Esta es una grave violación a los derechos humanos”, dice Billy Navarrete, secretario ejecutivo del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH). Para Navarrete, el caso de la embarcación Fiorella implica la desaparición forzada por fuerzas militares extranjeras en territorio nacional. Mientras tanto, señala que 36 tripulantes de las embarcaciones Don Maca y Negra Francisca Duarte habrían sido víctimas de detención arbitraria y tortura.
Navarrete, del CDH, señala que no hay que ocultar el largo historial de la penetración de las economías ilícitas en comunidades de pescadores en la costa ecuatoriana. Mongabay Latam lo documentó en el especial Piratas y narcotraficantes amenazan a pescadores.
Navarrete resalta que los dueños de las embarcaciones han permanecido junto a las familias de los pescadores, quienes se han mantenido reclamando, haciendo plantones y marchas para exigir información tras sus desapariciones. “Eso no ocurre cuando tienes algo que esconder, es significativo”, dice.
El CDH encontró que el avance de las denuncias estaba en pausa en las tres instancias a las que acudieron los familiares de los pescadores: la Capitanía de Manta, la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo.
El Comité de Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas pidió al Estado ecuatoriano información sobre el caso y las acciones tomadas, y que se conforme una mesa técnica entre los tres países involucrados. “El principal responsable es el Gobierno ecuatoriano. Tiene que pedir explicaciones, investigar y atender a las familias”, subraya Navarrete.
Leer nota: https://tinyurl.com/yrhn4wuv

 

6 mayo 2026
Pescadores ecuatorianos fueron víctimas de desaparición, detención arbitraria y tortura por parte de EE.UU.
La Barra Espaciadora
“Esta es una grave violación a los derechos humanos”, dice Billy Navarrete, secretario ejecutivo del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH). Para Navarrete, el caso de la embarcación Fiorella implica la desaparición forzada por fuerzas militares extranjeras en territorio nacional. Mientras tanto, señala que 36 tripulantes de las embarcaciones Don Maca y Negra Francisca Duarte habrían sido víctimas de detención arbitraria y tortura.
Leer nota: https://tinyurl.com/3aa89fpk

 

10 junio 2026
Carta de Joaquin Castro,Miembro de mayor rango, Subcomité sobre el Hemisferio Occidental Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes y William R. Keating, Member of Congress de Estados Unidos dirigida a autoridades del Departamento de Estado.
Leer carta: https://tinyurl.com/5n9bevj4

 

15 junio 2026
Who sank 2 Ecuadorean fishing boats? Survivors point to drones as Washington denies involvement
L.A. Times
CIUDAD DE MÉXICO — En marzo, dos barcos pesqueros ecuatorianos se incendiaron en el Pacífico, lo que obligó a ambas tripulaciones a abandonar las embarcaciones. Meses después, los incidentes —ocurridos mucho después de que la administración Trump iniciara su campaña de bombardeos contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes— han dejado más preguntas que respuestas.
Leer nota: https://tinyurl.com/ynd55tea