
Testimonio con identidad oculta, documentado por el CDH el 30 de enero del 2026, describe la extrema gravedad sanitaria que afecta a la población privada de la libertad y funcionarios en la Penitenciaría del Litoral. Pese a las resoluciones judiciales y los pedidos de CIDH, es alarmante la indiferencia del Gobierno Nacional.
El 26 de septiembre del 2025 ingresé a la Penitenciaria del Litoral.
En el pabellón 10 pasé dos semanas .
Al momento en que llegamos a la Penitenciaría en un bus, los militares nos estaban esperando haciendo una fila.
Ellos nos hicieron quitar la camisa y sentar en el piso caliente por el sol. No nos dejaban tomar agua. Si uno de nosotros no miraba el piso le pegaban con un cable.
Habíamos de 17 personas en cada celdas y el espacio era muy reducido. Había cuatro literas y nos tocaba acomodarnos, dos en cada litera, y los que sobraban se tenían que tirar al piso, buscar un espacio donde dormir, debajo de las literas o en el baño desasead.
En el momento del traslado a otro pabellón, los militares abrían los candados de todas las rejas y nos hacían salir corriendo para formarnos en el patio. Nos estaban esperando con látigos, palos, con cualquiera cosa nos daban, nos azotaban en la espalda o en la cabeza, muchas veces nos partían o nos dejaban la seña en la espalda de los latigazos. El que se tropezaba o al enfermo que caminaba despacio le daban más duro.
Los militares ingresan teléfono y todo. Entonces al momento de trasladar a los PPL de las celdas, los militares buscaban los teléfonos escondidos para hablar con el encargado del ala y de vuelta hacer tratos, negociar y devolver los teléfonos a cambio de dinero. Así se manejaban allá, por eso muchas veces se hacen las famosas ¨raquetas¨ (requisas).
En el pabellón dos estuve dos meses.
Al momento del traslado, encontramos el pabellón inundado y las camas sucia. Entendimos que ese era pabellón para enfermos, personas que tenían tuberculosis.
La ración de comida es muy poca, más la insalubridad, tuve infecciones y desnutrición. Llego una brigada médica que midió mi peso y me sometió a un programa de recuperación para desnutrición. Me pusieron en una lista porque estaba pesando 47kg, más las infecciones que tenía, los nacidos que me salían en el cuerpo. Si no lo ven mal, no lo sacan al Policlínico.
Pides a los guías salir a policlínico y te responde ¨pero si ahí está tu abogado, porque no le pides a tu abogado que haga el papeleo¨, no quieren ayudar a los PPL. Cuando uno no puede más, ahí es que ellos proceden a ayudar pero a veces es muy tarde.
En el pabellón cinco estuve un mes y medio.
Cuando llegamos al pabellón cinco estaba inundado y sucio. Tuvimos que hablar con los militares para poder limpiar y poder recoger toda el agua. Los primeros días poníamos nuestras tarrinas encima del piso, donde había agua y flotaban. En esas tarrinas nos servían la sopa, el arroz y todo. Con toda esa insalubridad que había dentro del pabellón, la gente se fue enfermando poco a poco.
En el momento en el que me ingresaron a la Peni adquirí tuberculosis, por toda esa insalubridad y el contagio que había en los pabellones, el cuerpo va cogiendo esas infecciones.
Cuando estuve ahí, se murieron dos PPL en mi celda. Las personas de Criminalística tardaron cuatro días en retirar los muertos. Teníamos que comer con ellos ahí.
Los guías no entran todos los días. Aprovechamos cuando ellos ingresan para hablar con ellos y decirles que había un muerto en la celda, que llamen a los de Criminalística. Ellos decían ¨ pero si todavía respira todavía está vivo, tienen que esperar a que mueran bien para poderlo llamar¨.
Cuando llega Criminalística abren la celda y nos hacen salir a todos, solo se queda dos personas que son las que tienen que sacar al muerto. Una de esa persona fui yo. No te dan ni guantes ni mascarillas y tenías que sacarlo como tu pudieras, porque los de Criminalística decían que ellos solo tenían que llegar a tomar fotos, y que nosotros mismo tenía que bajar al muerto. Los PPL mismo tenían que bajar al muerto hasta el carro de Criminalística.
Nos hacían cargar a los muertos hasta la parte de abajo, abrir el carro, bajar la bandeja donde va el muerto, poner al muerto encima, alzar la bandeja y subirlo al camión para que ellos se lo puedan llevar.
Libertad
Mi familia al ver todas esas calamidades que estaba pasando allá adentro logró sacarme. Con todos los tramites que se hicieron, me llego la boleta de salida.
Como íbamos a cargo de los Comandos, nos hicieron formar una fila antes de salir y esperar ahí hasta las 8 o 9 de la noche. Pues así mismo, nos maltrataban antes de salir, nos pegaban muchas veces con la bota, nos pegaban unos puntazos en los pies o en la canilla. Y lo que sabían decir: que si que ¨aprovechen que están aquí los defensores de los derechos humanos, esperen que ellos se vayan para que vean como le damos su salida¨.
Cuando la señorita de los derechos humanos se iba adentro a la caseta a ver las boletas, ellos lo que hacían era pegarnos con los puños, nos pegaban en la cabeza, en la columna o en la costilla. Así que, aprovechaban cuando ella les daba la espalda para maltratarnos.
Ellos tienen entendido que no nos pueden tocar por los derechos humanos. Sin embargo, ellos buscan el mínimo descuido para maltratarnos y eso fue lo que me paso antes de tener mi boleta y salir.