
El sábado 28 de marzo del 2026 una delegación del CDH documentó la acción publica de los propietarios de las viviendas ubicadas al margen de la Avenida Cacique Tomalá, en el Guasmo Sur, al sur de Guayaquil, para protestar por la amenaza de desalojo forzoso que afectaría a aproximadamente 400 familias, solo en ese tramo, por parte del Ministerio de Transporte y Obras Públicas debido al proyecto del “Quinto Puente”.
El proyecto del Quinto Puente, también conocido como Viaducto Sur, es una obra de infraestructura masiva, valorada en 700 millones de dólares, destinada a facilitar el traslado de mercancía que llega al Puerto Marítimo y que la conecta con vías hacia el resto del país.
Ayer los manifestantes, entre ellas varias personas adultas mayores, reclamaron el precio justo de la indemnización fijada por la expropiación de sus viviendas al ampliar la Avenida Cacique Tomalá y la ausencia de censo actualizado, que incluya detalles de composición de las familias, especialmente la identificación de personas pertenecientes a los grupos de atención prioritarias.
El CDH considera que la situación descrita constituye una clara amenaza de desalojo forzoso, es decir una grave vulneración a los Derechos Humanos, según lo previsto por la Observación General No. 7 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas.
Nuestra organización acompañará los reclamos por el derecho a la vivienda digna y seguridad de tenencia de las familias afectadas por la obra pública y observará procedimientos que ejecuten las instituciones del Gobierno Nacional y el Municipio de Guayaquil.


El Viaducto Sur y el Quinto Puente en Guayaquil, Ecuador: Análisis del impacto en comunidades urbanas
Por: Arquitecta Patricia Sánchez / Activista por el Derecho a la Ciudad.
Ecuador, localizado en la costa pacífica de América del Sur, Colombia y Perú, cuenta con 17 millones de habitantes (censo 2022). Guayaquil, ciudad portuaria de mayor población del país, tiene 2,9 millones de habitantes, y concentra el 70 % de la población de la provincia del Guayas de la cual es su capital.
Desde su fundación por la colonia española se convirtió en el vínculo entre los centros de extracción de la riqueza y los colonizadores. Su ubicación en la cuenca del río Guayas facilitó el comercio marítimo y la convirtió en un astillero vital y funcional de la colonia.
Con el fin de la colonial, Gran Bretaña se convierte en el nuevo centro de intercambio comercial, siendo el cacao, a fines del siglo19 e inicio del 20, el principal producto de las exportaciones primarias. En 1942, la exportación bananera se convierte en el nuevo boom de exportaciones.
En este nuevo contexto, fue necesaria la construcción de un Puerto con condiciones para el comercio marítimo a gran escala. Así, en 1958 bajo el gobierno de Camilo Ponce Enríquez, se creó la Autoridad Portuaria de Guayaquil y se inició la construcción del Puerto Marítimo, en el sector del Guasmo – hacienda expropiada a Juan X Marcos-, inaugurado en el año 1963, bajo el gobierno de Carlos Julio Arosemena Monroy.
Como complemento a la construcción del Puerto de Guayaquil, se impulsó la construcción del Puente sobre el río Guayas, entre 1967-1970, durante el último periodo de Velasco Ibarra, que se llamaría Puente de la Unidad Nacional.
En el año 1973, las ocupaciones informales llegaron al sur de la ciudad, en la zona del Guasmo, en terrenos expropiados y entregados al Banco Ecuatoriano de la Vivienda, Seguro Social, Autoridad Portuaria, Municipio de Guayaquil. En los años 80, las ocupaciones informales arribaron hasta el estero Cobina, limite natural, colindante con el Puerto de Guayaquil, donde se conformaron las cooperativas Derecho de los Pobres, Mariuxi Febres Cordero, Florida y Miami Beach.
En el año 2002, bajo la presidencia de Gustavo Noboa, se construyó el tercer puente paralelo al tramo Guayaquil-La Puntilla, inaugurado en el año 2006. Entre el 2008-2011, se realizó el cuarto puente, tramo Puntilla-Durán, bajo la presidencia de Correa.
A partir del año 2008, se comienza a planificar el Quinto puente o Viaducto Sur de Guayaquil, para mejorar la logística exportadora y descongestionar Guayaquil, conectando el sur de la ciudad donde se localiza el Puerto marítimo, con Durán y el sur del país. A partir del 2009 se comenzaron los estudios; en el 2023, se entregó la competencia de su construcción al Municipio de Guayaquil, la que fue revocada por el presidente Noboa. En el 2024, se realizaron nuevos estudios y en el 2025 arranca la construcción del proyecto.

El Proyecto
El proyecto del Quinto Puente, también conocido como Viaducto Sur, es una obra de infraestructura masiva, valorada en 700 millones de dólares, destinada a conectar el sur de la ciudad con las principales vías de acceso al país. El objetivo principal es descongestionar el tráfico pesado que cruza el centro de la ciudad hacia el Puerto Marítimo.
El trazado vial del proyecto Viaducto Sur de Guayaquil (Quinto Puente), abarca una longitud de 44 a 48 km, integrando los puentes principales, accesos, distribuidores de tráfico y ciclovías para conectar el sur de Guayaquil con Durán, Naranjal y Yaguachi.
El proyecto implica un proceso de expropiación de predios necesarios para la construcción de los accesos y tramos del viaducto, esto genera un impacto directo en los habitantes de las zonas intervenidas. Se calcula que alrededor de 400 familias entre propietarias e inquilinas de los barrios populares del Guasmo Sur, localizadas en la Av. Cacique Tomalá y las Cooperativas Derecho de los Pobres, Mariuxi Febres Cordero, Miami Beach, Eloy Alfaro, sería afectadas con expropiaciones y desplazamientos.

Estos barrios, nacidos desde el esfuerzo propio, hoy son asentamientos totalmente consolidados con servicios públicos. Este proceso les ha llevado toda una vida, hay familias que desde que llegaron en el año 1982, siguen construyendo sus viviendas, para acoger a las siguientes generaciones.
Las familias que comenzaron a ser notificadas con expropiaciones, han iniciado un proceso de resistencia porque las indemnizaciones ofrecidas NO cubren los costos de las nuevas viviendas, temen ir a vivir en las nuevas invasiones -hoy tomadas por el crimen organizado-, a comenzar nuevamente con el peso de los años a cuestas.


¿Cuáles son los derechos de los afectados?
Las afectaciones por proyectos de desarrollo, infraestructura, las familias tienen derecho fundamentales, reconocidos nacional e internacionalmente, enfocados en la protección de su patrimonio, medios de vida y dignidad humana:
Derecho a una Indemnización Justa y Previa: Si el proyecto implica expropiación, las familias tienen derecho a una compensación económica justa y pagada de manera oportuna, antes de la desocupación.
Derecho al Reasentamiento Digno: Si el desplazamiento es inevitable, el reasentamiento debe planificarse para mejorar o al menos restaurar los niveles de vida y los ingresos de las familias afectadas.
Derecho a la Vivienda Digna: Garantía de reubicación en condiciones seguras, con acceso a servicios básicos y cercanos a sus fuentes de trabajo.
Derecho a la Participación e Información: Las familias deben ser informadas de manera clara y comprensible sobre los impactos reales del proyecto y participar en la toma de decisiones.
Las familias afectadas reivindican, al menos tener las mismas condiciones de vida actuales, y garantizar que no se afecten las redes familiares y comunitarias vitales para su sobrevivencia:
Justas indemnizaciones a las poseedoras de viviendas con titulación; y, reubicaciones en sitio para aquellas familias sin título de propiedad.
Grupo de Trabajo Multiciplinario
El 19 de abril el grupo de trabajo multidisciplinario para el caso de la amenaza de desalojo forzoso por proyecto Víaducto Sur Quinto Puente, realizó jornada de socialización de información y levantamiento de perfiles de vulnerabilidad con familias de la comunidad de la Avenida Cacique Alvarez, en Guasmo Sur de Guayaquil que han recibido notificaciones de expropiación de sus viviendas por parte del Ministerio de Intraestructura y Transporte.
El grupo de trabajo está compuesto por abogadxs, arquitectxs, politólogxs y documentalistas, con el apoyo del CDH. La finalidad del grupo es desarrollar acciones de litigio estratégico e incidencia sobre las graves vulneraciones a los Derechos Humanos de, al menos, 400 familias.
En esta ocasión, se contó también con el apoyo de estudiantes y universitarios que voluntariamente participaron en la aplicación de ficha técnica.





Testimonios de Familias Propietarias

María del Carmen Lozano Cervantes
Mi nombre es María del Carmen Lozano Cervantes. Vivo en la cooperativa Derecho de los Pobres, en el Guasmo Sur, por la avenida Cacique Tomalá. Yo aquí tengo cuarenta y tres años viviendo, porque mi hija la menor vino de un añito y ya tiene cuarenta y cuatro. Así saco la cuenta.
Cuando llegué, esto era puro lodo y monte. No había agua, no había luz, no había nada de servicios básicos. Todo lo que usted ve ahora es el trabajo mío. Y aquí me tocó ser papá y mamá para mis hijas, porque mi compañero falleció. Pero yo siempre digo que hay que darle gracias a Dios por todo, por lo que nos pasa y por lo que no nos pasa.
Así llegué al Guasmo
Antes vivíamos alquilando por Gallegos Lara y Venezuela. El papá de mis hijas me dijo que tenía un terreno en el Guasmo y que nos fuéramos para allá. Yo no quería, porque se decía que en el Guasmo mataban, que robaban, que era peligroso. Pero un hermano mío se separó de su esposa y vino a quedarse conmigo. Mi compañero lo llevó a conocer y mi hermano se enamoró, porque en esos terrenos uno podía sembrar: arroz, maíz, choclo, verdura, todo se cosechaba. Y como nosotros somos de Ventanas, eso nos gustaba. Mi hermano volvió y me dijo: "Carmen, allá está lindísimo. ¿Por qué no te quieres ir? Vámonos."
Cuando llegué, había una casita de seis por ocho, pero si usted le ponía la mano, se iba abajo de lo mal hecha que estaba.
Me quedé sola
Después de un tiempo, el papá de mis hijas tuvo un accidente. Le pidieron que subiera a cambiar un techo altísimo. Allá arriba hizo una mala maniobra, se cayó y se mató.
Como no éramos casados, yo no recibí nada. Solo me quedé con este terreno, que era su regalo, y con mis dos hijas pequeñitas.
En ese tiempo yo no sabía hacer nada. Pero aquí atrás hay un centro juvenil, el María Auxiliadora. Vino el SECAP a dar clases, y me metí a estudiar enfermería.
Desde ahí me dediqué a cuidar pacientes en sus domicilios. Viejitos, más que todo. Muchos estaban abandonados por sus hijos, y yo era la hija para ellos.
Con ese sueldo fui levantando mi casa. En esos tiempos hacíamos cadenas de dinero. Yo me metía en eso y cada tres meses que me tocaba, no me lo gastaba: lo invertía. Iba a los depósitos de materiales y decía: "Aquí le dejo tanto para cemento, tanto para hierro." Y así, poco a poco, fui construyendo.
Todo lo que tengo aquí es con mi trabajo. Nadie me regaló nada.
Solo vienen a dejarnos papeles
Aquí ninguna autoridad se ha interesado en hablar conmigo. Nunca. Solamente se limitan a venir y decir: "Aquí venimos de parte del Ministerio a dejarle esta orden, este documento." Nada más.
Cuando me llaman por teléfono, yo les pido: "¿Por qué no se molestan en venir y explicar bien lo que van a hacer? ¿Por qué no dicen: 'miren, esto es lo que le vamos a expropiar a usted'?" Eso es lo lógico que deberían hacer. Pero no lo hacen. La primera vez vinieron a pedir cinco metros, después siete, y la tercera vez todo el terreno. Así nomás, por papeles, por llamadas.
Dicen que van a hacer el Quinto Puente, un parque lineal, escuelas. Pero nosotros les decimos que mejor arreglen el parque que ya tenemos, el de la Stella Maris que está abandonado, ¿por qué no mejoran lo que ya tenemos?
Lo que ofrecen no sirve para vivir
Vinieron a ofrecernos villas en ciudadela. Pero esas casas son pequeñas. Mi casa es grande.
Tengo mis cosas, mis cultivos. ¿Dónde voy a meter todo eso? Allá ni patio tienen. Y además, ¿quién va a pagar esa casa? Yo no trabajo ya. Yo vivo de los alquileres que tengo aquí. En esta casa vivimos tres familias: yo, mis dos hijas con sus esposos y sus hijos. Y tengo dos cuartos que alquilo a unos muchachos que son chóferes. En total, vivimos diez personas. Y dos perritos, que también son parte de la familia.
No hay quién nos defienda
Dicen que hay organización, pero la verdad es que no. Porque si alguien estuviera haciendo respetar la voz de todos, esto no estaría pasando, ya hubiese aceptado el señor y dijera: "Bueno, esta gente necesita su techo. Hagamos la obra por el terreno que está al frente, que ahí no perjudicaría a nadie". Él tiene es un capricho de sacarnos de aquí, porque no hay otra palabra. Y no es solamente a mí: son como doscientas casas que quiere desmontar. ¿Y a dónde nos vamos a ir? La vida está sumamente cara. Yo no tengo cómo empezar de nuevo.
Yo no quiero salir de mi casa. Aquí está mi vida, mi trabajo, mi familia. Aquí está todo. Lo único que pido es que nos dejen quedarnos. Porque esto que tengo me ha costado demasiado como para que ahora vengan y me digan que lo deje todo.

Olimpo Silva Sanceballos y su hija
No trabajo; hace dos años me operaron de un riñón, sin embargo la cirugía del riñón restante me la anularon al entrar el nuevo presidente. Me quedé huérfano de niño, me crié con una tía y trabajé en haciendas en Daule, luego en construcción y fabricando pelotas. A los 16 años trabajaba en barcos bananeros. Llegué al Guasmo en 1982 cuando esto era una sabana inmensa, con unas cuatro casitas. Aquí crecieron mis hijos y nacieron dos de ellos. Yo decía que de aquí me sacarían encajonado, pero ahora me quieren sacar.
Mi señora y yo construimos esto con mucho esfuerzo, rellenando y levantando la casita poco a poco hasta que no nos dieron más las fuerzas. Tengo 78 años, ¿en dónde voy a conseguir trabajo?. Aquí vivimos nueve adultos y algunos nietos.
Esta casa es mi ranchito sagrado que le pedí a Dios para vivir con mis hijos. No es justo que me lo quiten. Lo que ofrecen no alcanza para nada; me ofrecen 14.000 dólares. Yo no quiero la plata, quiero vivir aquí hasta que el Señor me llame. Mi hija tiene una discapacidad y no puede trabajar. Yo quisiera pedirle al Presidente que se ponga la mano en el pecho; él tiene dinero, pero nosotros no. No es justo quitarnos lo que hicimos con tanto esfuerzo.

María Magdalena Basán Castillo
Mi madre falleció hace un año. Vi a mis padres luchar: mi papá entrando cascajo y mi mami con su negocio de comida, hasta lavando ropa. Mi papá recolectaba semilla de camarón bajo el sol para darnos un lugar donde vivir. No es justo que el gobierno nos quite la casa por la que tanto lucharon. Antes esto era pura mosquería, lodo y agua; luchábamos hasta por conseguir agua de los tanqueros. Esta es nuestra herencia y vamos a seguir luchando. Dios es grande y hará su obra.

Gardenia Illescas Bernal
He sido comerciante toda mi vida. Antes vivía en el centro, cerca de la Iglesia de las Almas. Llegué porque mi esposo compró aquí hace casi 45 años. Al principio no me gustó porque la casa era mixta de ladrillos con madera, pero aquí se criaron mis hijas que ahora son profesionales. En ese entonces no había agua ni luz; en invierno el agua nos llegaba a las rodillas. Tenía que sacar a mis hijas chiquitas a la estación de la 78 con recipientes de agua y toallas para secarlas y ponerles medias antes de ir al centro. A las 5 de la mañana ya estábamos afuera por el agua. Uno ha sufrido aquí bastante para que ahora lo quieran botar.
Fuimos construyendo poco a poco como íbamos teniendo el dinero, con el esfuerzo de mi esposo y mío. No hay negocio, es solo vivienda. Mi esposo enfermó, le dio un derrame hace 6 años y tiene muerta una mano y una pierna. Está en cama, usa pañales y hay que darle de comer; no se vale por sí solo. Gracias a Dios es jubilado y por medio del seguro se le hace ver. En esta casa vivimos tres personas: mi esposo, mi hijo y yo. Esta casa significa todo nuestro sufrimiento. ¿A dónde me voy a ir con él en ese estado? No duermo de pensar en esto, se me ha agravado la presión desde que me notificaron del desalojo. Mis hijas me dicen que esté tranquila pero, ¿cómo voy a estar?, salir a donde uno no conoce a nadie después de tantos años es muy duro.

Teresa García Vázquez
Soy madre dedicada al hogar al 100%. Me siento muy triste por la pérdida de mi esposo y de mi hijo. A ese dolor se suman las expropiaciones. Decíamos con mi esposo que aquí moriríamos, pero ahora nos piden la casa. Me siento impotente porque no tengo otra. Yo no me opongo al proyecto, pero pido justicia, que paguen lo correcto. No aceptan nuestra regularización y los valores no son reales.
Compramos el terreno cuando esto era agua verde, sin luz ni servicios; vinimos a probar suerte comprando aquí porque estaba todo abandonado, yo me puse una pequeña tiendita para sobrevivir mientras estaba embarazada de mi tercer bebé. Mi esposo era tapicero y llegaba tardísimo, once de la noche porque no había transporte. Cargaba agua y toallas para lavar a mis hijos antes de que entraran a la escuela para que no fueran enlodados. Tomábamos hasta agua de lluvia cuando los tanqueros no entraban, había que correr para alcanzarlos a la otra cuadra. Sufrimos mucho para darles estudio.
Aquí ya solo vivimos mi hija y yo, porque mi hijo falleció de un aneurisma a los 40 años, todavía no asimilo la realidad y al poco tiempo se fue mi esposo. Él era cardíaco, pero lo que lo mató fue el estrés de saber que perdería su casa, no podría dormir por mucho tiempo, se le bajaron las defensas. Le cogió una lluvia en una de las reuniones por la casa, le dió una gripe y se le convirtió en neumonía viral, como él tenía bajas las defensas, por mucho que luchamos, nos endeudamos para llevarlo a una clínica privada, pero no se pudo hacer nada. Él era un luchador, él dejó vídeos pidiendo justicia. No he tenido el valor de tocar sus herramientas ni sus cosas, porque en su taller él igual trabajaba haciendo muebles aunque no podía ver bien.
Aquí yo sobrevivo con lo que cuido a mis nietos durante el día y unos alquileres pequeños que apenas alcanzan para comida y servicios. Soy hipertensa y sufro de mareos, por eso le di el negocio de la tienda a mi hija. Perder esta casa se siente como vivir una pesadilla, es como una bomba en nuestros sentimientos. En otros lugares las casas valen muchísimo más de lo que me quieren pagar. Perder mi casa me deja vacía; aquí están mis recuerdos y mi comunidad.

Roger Vergara Moreno
Me dedico a mi taller de electrónica y electromecánica, y soy profesional en terapia respiratoria. Mi hermano se encarga de la mecánica vehicular. Llegamos en 1984 por necesidad de trabajo; compramos el solar legalmente, no invadimos. Esto estaba 6 metros abajo del nivel actual, era puro lodo. Rellenamos y construimos poco a poco. Vivimos aquí cuatro personas.
Mi madre falleció hace tres semanas por la angustia de las expropiaciones; sufrió un paro cardiorrespiratorio por el estrés de pensar que se quedaría sin casa. Mi papá tiene varias discapacidades: un brazo seco por un accidente, es sobreviviente de cáncer, tiene síndrome de piernas inquietas y arritmia cardíaca. Además, ha tenido dos infartos cerebrales; el segundo le dio por la preocupación de esta situación y le afectó la vista. Mi hermano tiene artrosis y mi hermana problemas de nervios y úlceras varicosas.
Esta casa es el hogar sagrado que mi papá construyó de tres plantas para que viviéramos tres familias de la misma sangre. Reclamamos dignidad. No me opongo al progreso, pero este puente perjudica a muchas familias. Si lo hicieran por donde estaba trazado originalmente, no causarían esta catástrofe. Irnos con esa miseria de dinero es una injusticia.

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26 abril 2026
Expropiaciones por el Quinto Puente generan resistencia en Guayaquil | "Nos quieren pagar lo que les da la gana"
Primicias
La megaobra de infraestructura implica un masivo proceso de expropiación que amenaza con dejar a los moradores en la indefensión y eleva la amenaza de desalojo forzoso, según el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH). Se trata de un proyecto valorado en USD 900 millones, que según el Comité impactará a 400 familias entre propietarias e inquilinas del sector.
El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) de Guayaquil alertó en un informe que un potencial desalojo forzoso va en contra de las normativas internacionales, citando lo previsto por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas.
Las familias afectadas tienen derecho a una compensación económica justa y oportuna, apunta el organismo. El CDH anunció que acompañará a los perjudicados en sus reclamos.
Si el desplazamiento es inevitable, la entidad pide garantías de una reubicación en condiciones seguras, con cercanía a fuentes de trabajo, que permita mantener o mejorar los niveles de vida actuales. Y reclaman que las familias sean informadas de forma clara, pues según los testimonios de los afectados el proceso de expropiaciones no habría sido debidamente socializado.
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Fotos de Billy Navarrete, Efrain Castellanos y Jennifer Torres.