
El 25 de junio del 2026 un equipo del Area de Protección y de Documentación del CDH recogió el testimonio de Don Jose Luis Pincay Avila en su domicilio ubicado en la ciudadela San Alejo, en la ciudad de Portoviejo, Provincia de Manabí. El testimonio describe las circunstancias de la ejecución extrajudicial de su hijo Roger ocurrida el pasado 18 de mayo en Crucita por parte de una patrulla militar, en contexto de toque de queda ordenado por el Gobierno Nacional.
La restricción de movilidad formó parte del Decreto Ejecutivo 370 y se aplicó desde las 23:00 del domingo 17 de mayo hasta las 05:00 del lunes 18 de mayo, momento en el que finalizó oficialmente la medida
Testimonio de Don José Luis.
Mi nombre es José Luis Pincay Ávila y vivo en Portoviejo (Manabí), ciudadela San Alejo. Tenemos 40 años viviendo en la ciudad. Esta casa ya es nuestra, llevamos 18 años aquí. Gracias a Dios formé mi familia aquí, junto a mi esposa Mayra Macías y mis tres hijos: Roger, Iris Jerlin y Shadelin.
Roger, mi primogénito.
Mi hijo, mi primer hijo, era mi orgullo. Él era mi brazo, la mitad de mi cuerpo, mi mano derecha en todo. Desde los 13 años ya sabía manejar moto, y siempre me acompañó en todo lo que fueron mis negocios: pintura, soldadura, la venta de hielo. Le regalé una moto para sus 18 años, cuando se graduó en el Colegio Portoviejo, donde estudiaron mis tres hijos. A los 21 años se compró su propia moto, y de esa forma me ayudaba a trabajar en la calle: él se iba para un lado, yo para el otro, pero siempre de la mano. Él nunca estuvo preso. Él siempre estuvo trabajando. Me le quitaron la vida solo porque quiso divertirse, salió acompañado con sus amigos, sus compañeros y su tío Kevin.
La noche del crimen (18 de mayo del 2026).
Mi hijo me llamó a las 22h00 del domingo 18 de mayo. Andaba con mi hija Iris y me dijo: “Pa, ya vamos a la casa porque ya trabajamos, ya me voy a quedar en la casa”. Yo estaba en Quito cuidando, junto con su mamá, a una de mis hija que estaba hospitalizada. El niño (Roger) se había quedado en Portoviejo a cargo del trabajo y de la familia. A las 5h00 de la mañana, mi cuñada me llamó y dio la noticia de que a mi hijo lo habían matado en Crucita unos señores del militares.
Lo que muestran los videos de la fiscalía.
Según los videos que tiene la Fiscalía, a las 2h00 de la mañana, los chicos salen de Portoviejo rumbo a Crucita en una camioneta Ford 4x4 color concho de vino. En el grupo de chicos estaban Brian, una chica, Nelson, Gregorio, mi cuñado Kelvin y mi hijo Roger, quien decidió ir en la parte de atrás del auto, a lado de la ventanilla. Mi cuñado, que acababa de llegar de Guayaquil, conducía el vehículo porque estaba más sobrio.
Al llegar a La Boca, antes del malecón de Crucita, Kevin intentó evitar a una patrulla de militares que estaba a un lado de la vía. En esas circunstancias empezaron a dispararles desde atrás y mi hijo le dijo a su tío: “Para, para, para, que me dieron, que me dieron”. Sintieron que una bala impactó la llanta trasera, mi cuñado perdió la estabilidad del vehículo y frenó; él y Nelson se aventaron del carro por el susto y se escondieron en unos montorrales, mientras seguían los balazos.
Cuando la patrulla de los siete militares de la marina llegó, los revisaron totalmente y, en lugar de verificar por su cuenta, mandaron a Brian a verificar si Roger estaba con vida. Al confirmar que estaba muerto, los militares se reunieron y decidieron irse, dejando a los chicos ahí solos en la madrugada.
La chica llamó a su papá y él llamó al ECU911. Llegaron agentes de la Policía Nacional, acordonaron la escena y salieron en búsqueda de los militares. Los detienen lejos mientras huían en dos camionetas y los regresan a la escena. La policía realizó un trabajo de investigación, no permitieron que los militares tuvieran acceso al área donde estaban las evidencias. Más tarde llevaron a los chicos a la Fiscalía para que rindan sus versiones y se llevaron el cuerpo de Roger a la morgue.

Primer incidente intimidatorio (Posterior a diligencia judicial).
El 15 de junio, una vez que había concluido la diligencia de reconstrucción de los hechos con los peritos de Criminalística y nuestros abogados del CDH, llegaron a mi casa cerca de diez personas entre familiares y amigos, cansados y mojados por la llovizna que cayo durante la diligencia en la madrugada. Mientras el abogado nos daba instrucciones, se estacionó un vehículo militar al frente de mi casa, en la ciudadela San Alejo. Ellos frenaron a rayas y no se bajaron. El abogado los empezó a grabar y se les acercó para preguntar el motivo de su presencia y explicarles que somos familia que acusa a militares del crimen de Roger. Ellos cerraron la puerta del auto y se fueron sin dar explicaciones.
Segundo incidente intimidatorio (Allanamiento arbitrario en el velorio).
El 18 de junio, tres días después del primer incidente, mientras estábamos orando por mi hijo, a eso de las 22h30 (noche), alrededor de 25 militares llegaron a la carrera y allanaron sin permiso el velorio que realizábamos en mi casa. Empezaron a pedir documentos y amedrentaron con fusiles a los familiares y amigos presentes. Les explicamos que estábamos en un rezo, pero se pusieron groseros, dijeron que no tenían por qué dar explicaciones a los civiles y se fueron. Es la segunda vez que algo así pasa en mi hogar, y mucha casualidad que las dos veces caigan de repente.
El miedo que queda.
Para nosotros, los militares ya no son una garantía ni una protección, sino un temor; los miramos como acosadores, representan intimidación y peligro. Kelvin Macías, prácticamente se ha ido de aquí por ese mismo temor. Brian Tuárez me dijo: “Don Pincay, lo siento, pero mi familia se rehúsa a que yo siga participando en esto”. Nelson se fue a trabajar a otro lado porque según me dijo, aquí en San Alejo corre peligro.
Mi lucha por conseguir justicia
A mí me toca estar aquí porque soy el papá, y quiero que se cumpla lo que se dice: que hay justicia para la gente buena y justicia para la gente mala. Quiero que se investigue, que salga a la luz la verdad, porque estoy seguro de que mi hijo no andaba haciendo lo que ellos dicen. Solo pido que esto pueda seguir y que podamos luchar para rescatar lo que era mi hijo, no lo que dicen que ocurrió.

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