
Vivientes del Recinto Los Angeles
Desde inicio del 2025, la Paz de las familias de pescadores y agricultores del recinto Los Angeles, en Durán, se interrumpió debido a las constantes amenazas de desalojos forzosos y hostigamientos por parte de empresa camaronera instalada recientemente en el sector y que las califica como familias invasoras.
El predio Los Ángeles está ubicado en el cantón Durán y cuenta con 94 hectáreas. Este predio está en posesión de treinta y un familias que han participado como socias de la Asociación Ni Un Paso Atrás y la Asociación Unidos Venceremos. En este predio viven cerca de trescientas personas –adultas mayores, juventudes e infancias–, muchas de ellas, llamadas “vivientes”, han vivido allí toda su vida. Cada familia cuenta con una hectárea aproximadamente, se dedica al cultivo de arroz y a la producción de alimentos para el autoconsumo; estas actividades las combinan con la pesca artesanal desde hace veinte y seis años. En este predio no se puede cambiar el uso de suelo porque las labores agrícolas están dedicadas a la producción de arroz para la soberanía alimentaria.

Frente al predio Los Ángeles se encuentra la Isla Mocolí, una isla que se destaca por su infraestructura urbanística opulenta, con conjuntos residenciales de alto nivel, lagos artificiales, extensos jardines y áreas verdes, con terrenos de 2,500m2 y servicios exclusivos que incluyen muelle y campo de golf. Mocolí es la isla privada cinco estrellas donde se vive una vida que se contrapone a la realidad del predio Los Ángeles, cuyos despojos, acaparamientos de tierras y de derechos irrumpen los proyectos de vida de las familias campesinas.
Testimonios de Vivientes


Familia Domínguez Flores
Mi nombre es Mariana Flores Villón tengo 69 años. Me he criado aquí, nací aquí, aquí estuve viviendo. No me he ido a ningún lado.
Mi nombre es Francisco Domínguez Domínguez. Yo era de la isla Santay, de alla me vine a los 20 años a trabajar en esta hacienda. Tengo 75 años de edad y 35 años viviendo aqui, trabajando en esta tierra.
Aquí conocí la Hacienda Pababecho Montarrero y ahí hicimos la cooperativa. Todos los socios arrosaron, los dueños murieron y dejaron la hacienda sin un papel. Esto estaba hecho puro monte y tenía árboles. Esto no estaba dentro de la hacienda. Después vino el dueño, sembró la haciendo y la hizo arrocera
Tengo años trabajando en esta tierra, no como ahorita que me estan tomando como invasores. Lo hemos con documentos de las instituciones publicas del Estado. Sin embargo, esta camaronera ¨ TRUPECA¨nos quiere desalojar. Solo quieren quitar la tierra a las bravas.
Yo no voy a coger ningun dinero. Al coger el dinero, le estoy dando el poder a la camaronera para decir que me he ido voluntariamente. Si viene el desalojo, que venga el desalojo!!, pero voluntariamente, yo no voy a ceder ante ellos. No queremos vender y no queremos irnos de aquí. Si nos sacan de aquí, ¿ A donde vamos a vivir?.
Nosotros queremos que por favor nos escuche las autoridades competente para que sepan lo que nos está sucediendo con nosotros los campesinos, los humildes, pobres.
Nosotros no tenemos como susistir. El sustento de nosotros es este pedacito de tierra por el que estamos luchando hasta ahorita, nos lo quieren quitar. Queremos que no haya ese desalojo. No sé que autoridada será competente para que paren ese desalojo. ¿ A donde, nos vamos a ir?.
Ellos han impedido el acceso al predio. Ellos a lado de las garitas de la camaronera, hicieron esas compuertas con el proposito de no dejarnos pasar la maquinaria para cultivar, que nosotros entrabamos para trabajar. Se levantó, pero a los dos dias de vuelta volvieron a reubicar las compuertas hasta ahora. Tienen control de todo el que transita por aqui, que hasta las motos necesitan permiso de ellos…. Eso es un control totalmente de ellos
Ahora nos tienes bloqueados, porque no podemos ni trabajar
Ahora hay una orden de desalojo firmada por el Intendente, eso es lo ultimo. Ahora tememos que en cualquier rato vengan y destruyan nuestras casas.
Ese es el temor de todos los compañeros que vivimos dentro del predio… Ese es el temor mas grande… De noche, nos despertamos pensando en eso.
¿ Que será de nosotros si viene el desalojo? ¿ Que será de nosotros si viene el desalojo? ¿ A donde nos iremos? ¿ De que vamos a vivir?. Si nuestro sustento era el sembrio….


Mariela del Rocio
Mi nombre es Mariela del Rocío Florencia Cárdenas y tengo 39 años de edad. Hace 25 años formé mi hogar y mi primera hija ahora tiene 22 años. Tengo cinco hijos en total. Soy nacida en estas tierras.
Yo me dedico a la agricultura y a la casa con mis niños. Somos agricultores, es de lo que vivimos. Aquí, lo que más se siembra es arroz. Hay otros que se dedican la pesca pero nosotros somos agricultores.
Aquí es tranquilo, no hay violencias y podemos dormir en paz, acostarnos en paz con nuestros hijos. No es lo mismo vivir en el campo que vivir en la ciudad. Nosotros siempre hemos vivido construyendo una vida, una vida de paz y salir a otra parte a vivir es como ir a la nada. Ir a un lugar desconocidos. Nosotros hemos vivido aquí, nosotros nos sentimos bien aquí, somos felices aquí en el campo y nosotros hemos construido nuestra vida aquí.
Si yo desarmo mi casa, no la vuelvo a construir. Ya no se rescata nada.
¿En dónde vivo? ¿De qué vivo? ¿Dónde llevo a mis hijos? ¿Dónde le doy un techo para dormir? Si me sacan de mi hogar…. Si se desarma, ¿cuándo se arma? Ya no se puede volver a armar. Esa es mi preocupación. ¿Dónde los llevo? ¿Dónde les doy un techo si no tengo dónde ir? Yo solamente tengo esto, mi hogar. Nada más.
Mi casa no está en la orden de desalojo. Mi casa está en bahías y playas.. Yo tengo entendido que esto le pertenece a la Marina.
Si nosotros no estamos ocupando, ni somos invasores, como nos dicen. Porque son 25 años vividos aquí.

Família de Marlene Domínguez Flores
Soy Marlene Domínguez Flores y tengo 31 años de edad. Vivo con mis dos niñas y mi esposo, aquí en mi casa, en el recinto Los Ángeles. Me dedico a lo que es el doméstico
Soy feliz aquí. Somos familia, todos somos familia, primos, amigos.
La orden del desalojo nos cogió de sorpresa y no sabemos qué hacer. Es la primera vez que nos pasa esto en tanto tiempo viviendo aqui. Mis hijas también asustadas porque no sabemos ni a dónde vamos a dar, nos botan de la nada.
No es justo que alguien venga de la nada a desalojarnos. Esa camaronera TRUPECA salió de la nada para venir a desalojarnos. Digo, ni queríamos comer porque fue de sorpresa, primera vez que nos pasa eso.

Familia Flores
Soy Cecilia Flores, tengo 58 años y yo soy Ramón Flores Villón, tengo 80 años. Yo trabajo en estas tierras.
Yo nací en el 45. Yo aquí estoy en toda mi juventud y voy para la tercera edad. Ya no puedo trabajar.
Cuando me prestan una plata, yo busco para sembrar el arroz que producimos aquí. Ahora dicen que viene el desalojo, ya no nos dejan sembrar
Nosotros no ambicionamos dinero ni nada. Nosotros queremos nuestra tierra, el lugar donde nos hemos criado, nacido y seguimos estando aquí. Para mí esto significa mucho. Además de la plata y de todo, esto lo llevo aquí en el corazón y me duele tanto que ya cuando miro al horizonte, ya no estamos, y tampoco veo lo que he sembrado, no hay nada.
Miren los años y el sufrimiento que hemos pasado aquí en estas tierras…. Que se pongan la mano en el corazón y que nos faciliten seguir viviendo aquí. No le hacemos daño a nadie…… No es de ahorita, no somos invasores. Aquí estamos toda una vida.
Mi papá es una persona mayor. Mi tío es el que vive en la casita de allá. Son personas mayores. La señora de allá tambien es adulta mayor.
¿Dónde está la mentira de que aquí no hay gente? Aquí vivimos, hemos vivido toda una vida. Yo ya voy para 58 años. ¿Dónde está la mentira de que aquí uno no vive, que no ha existido? Que somos invasores, no somos invasores…..
Podríamos decir que la camaraonera es la invasora porque no tienen muchos años aquí. Cinco años le tomó convencer a las demás personas, llenándolos de mentiras, llenándoles la cabeza de ilusiones, para que salgan…
Toda la historia vivida de uno….. Todo el sentimiento, todo lo que uno representa como ser humano, son las vivencias. Todo lo que quizás las personas de la ciudad no sepan o no sientan, pero nosotros sí, los campesinos sí sabemos amar y querer la tierrita. El lugar donde hemos vivido, donde hacemos agricultura, donde se va y se pesca, porque de eso hemos vivido también tanto tiempo, de la pesca y la agricultura.
No tenemos lujo pero tenemos un techo donde estar, sin molestar a nadie. Y vivimos felices con lo poco que tenemos. Lo que si quisiéramos es trabajar, estamos retrasados porque la tierrita nos está esperando.

Antonio y su familia
Soy agricultor y tengo 67 años viviendo aqui. No somos invasores, somos vivientes viejos de aquí.
Nosotros vivimos de aquí, de lo que tenemos, de eso que vivimos. Nosotros nos dedicamos para ir a trabajar afuera, de jornaleros. Cualquier actividad de trabajo que sale, nosotros lo hacemos. Así son las cosas aquí, y ahora nos ponen a nosotros como que somos invasores, siendo nosotros nativos.
Si dan una casita chiquita. Nosotros vivimos de los animales que tenemos. Nosotros tenemos patos de venta.
Mi madre que esta alla atras tiene 90 años viviendo. ¿A dónde nos van a mandar con ellla?
Nosotros tenemos años aquí. Ellos son los invasores.





Cronología de hechos
El 15 de abril de 2025, la empresa camaronera TRUPECA S.A.S. presentó una denuncia administrativa por supuesta invasión ante la Dirección Distrital del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) en Guayas, tramitada dentro del Expediente Administrativo Nro. 008- 2025I. Tras una inspección técnica en territorio y el análisis de la prueba documental, la autoridad agraria constató la existencia de viviendas e infraestructuras con una antigüedad superior diez años.

En virtud de estos hallazgos, el 15 de octubre de 2025, el MAG resolvió abstenerse de continuar con el trámite y archivar el expediente, al concluir que no se configuraba invasión alguna y que la vía administrativa resultaba improcedente, desestimando las pretensiones de la demanda.
Paralelamente, el 28 de junio de 2025, la empresa presentó un acto urgente ante la Fiscalía de Durán, alegando nuevamente la existencia de una supuesta invasión. Luego de las diligencias e informes periciales correspondientes, el 5 de agosto de 2025, el Fiscal de lo Penal de Durán dispuso el archivo de la denuncia, por falta de indicios y por inexistencia del delito de invasión, confirmando que las 31 familias campesinas no eran invasoras y nuevamente generando evidencia de que las pretensiones de cualquier demanda de invasión carecen de fundamento.
El 30 de diciembre de 2025, a petición reiterada de la empresa TRUPECA S.A.S., el Intendente General de Policía del Guayas dispuso el desalojo del predio Los Ángeles.
La emisión de esta orden de desalojo desconoce resoluciones administrativas y fiscales previas, vulnera los principios de debido proceso, seguridad jurídica y legalidad, y evidencia una falta de coordinación interinstitucional. Su ejecución implicaría el uso de la fuerza pública contra familias campesinas, incluidas niñas, niños, personas adultas mayores y mujeres, generando daños graves e irreparables.

Acción de Protección y Medida Cautelar

El viernes 23 de enero de 2026, a las 10H00, en la Unidad Judicial Civil con sede en el cantón Durán, se había señalado para la realización de la audiencia de Acción de Protección y Medida Cautelar presentada por Unión Tierra y Vida a favor de los habitantes del recinto rural “Los Ángeles”, Duran en contra de la resolución de desalojo forzoso emitida por el Intendente General de Policía de Guayas, como “medida de protección de derechos”, ante la solicitud del representante legal de la empresa camaronera TRUPECA.
La audiencia fue suspendida por cuanto el Intendente General de Policía fue removido y los nuevos responsables de dicha entidad alegaron que recién se habían enterado de la diligencia por lo que desconocían el contenido de la demanda y no estando en condiciones de ejercer la defensa. Verificándose además que en el sistema E-SATJE, los documentos del proceso no se encontraban escaneados para su consulta. En ese sentido el señor Juez resolvió suspender la audiencia y señalar nueva fecha de audiencia para el próximo viernes 30 de enero de 2026, a las 10H00.
La población campesina de Los Ángeles habitan en dicho lugar desde hace aproximadamente 50 años y desde hace 5 años, en que se instaló en el sector la empresa TRUPECA, han sido objeto de una serie de acciones sucesivas de hostigamiento y maniobras administrativas - jurídicas para despojarlos de sus tierras.



El pasado viernes 30 de enero de 2026 el señor Juez de la Unidad Judicial Civil del cantón Durán negó la Acción de Protección y Medida Cautelar planteada por la organización “Unión Tierra y Vida” a favor de decenas de familias campesinas, que habitan el recinto Los Ángeles, en contra de la orden de desalojo dispuesta por la Intendencia General de Policía del Guayas a solicitud de la compañía camaronera TRUPECA S.A.S.
El Juez declaró “no advertirse violación de derechos constitucionales” por parte de Intendencia del Guayas y empresa camaronera.
La mencionada empresa, constituida hace pocos años, acusa de invasión a los campesinos que habitan desde hace 50 años en el lugar.
El Juez al negar la acción de protección argumentando que aquella era improcedente por existir otras vías ordinarias para revertir el desalojo ordenado como medida de protección y poder ejercer los derechos.
El Juez también dispuso oficiar al Consejo de la Judicatura para que sancione al abogado patrocinador de las familias campesinas argumentando que este había incurrido en abuso del derecho al haber interpuesto otra medida cautelar en el año 2024.
El CDH señala que dicha sanción es un acto de amedrentamiento hacía los defensores de los campesinos considerando que la medida cautelar que fuera solicitada en el año 2024 no tiene identidad objetiva en relación a la solicitada en el año 2025 por la orden de desalojo de la Intendencia del Guayas, pues se tratan de hechos distintos.
En la misma audiencia, se interpuso de manera oral el correspondiente recurso de apelación para que el caso sea resuelto ante la Corte Provincial de Justicia del Guayas.
Como CDH continuaremos realizando la vigilancia del proceso, así como apoyando activamente a los pobladores y campesinos afectados.
Descargar el fallo negando la Acción de Protección y Medida Cautelar.
El desalojo forzoso en el recinto Los Angeles
La comunidad de los Ángeles sufrió un desalojo forzoso el pasado 14 de abril ordenado por el Intendente de Policía del Guayas.
Este desalojo, arbitrario e ilegal, vulneró derechos fundamentales de la comunidad campesina y desconoció garantías básicas del debido proceso y seguridad de tenencia, para favorecer intereses privados de la camaronera TRUPECA S.A.S.
Este desalojo dejó a la intemperie a 8 familias de pescadores y campesinos que han vivido de forma pacífica e ininterrumpida en el sector por décadas y destruyó sus viviendas y bienes personales, incluyendo a adultos mayores y niños, niñas y adolescentes. Entre los damnificados se encuentra Francisco Domínguez y su familia.
La jornada de asistencia humanitaria permitió llevar a la comunidad víveres y alimentos, recolectados en campañas de solidaridad de organizaciones sociales de Guayaquil, así como facilitación de herramientas para la reconstrucción de sus viviendas.
Alertamos que han existido graves hechos de violencia y coerción, incluyendo la destrucción de cultivos intimidación, y dejando en el desamparo y sin fuente de trabajo a familias campesinas que históricamente han dependiendo de la tierra dle recinto Los Ángeles para su sustento, vivienda y seguridad alimentaria.

Acción Humanitaria
A continuación presentamos registro fotográfico de una jornada de asistencia humanitaria realizada por el CDH el sábado 9 de mayo del 2026 para familias desalojadas en el recinto Los Ángeles, en Durán.




Otros insumos relacionados al caso
Descargue pronunciamientos relevantes:
Amicus Curiae de la Defensoria del Pueblo
Llamamiento Internacional a favor de población de Los Angeles
Carta de Instancias de ONU dirigida al Gobierno Nacional
Caravana de Solidaridad con el recinto Los Angeles
12 junio 2025
Crónica de Luigi Baruzzi Arzube
Militante de la Red de Defensores de Derechos Humanos de Guayaquil.

El motor de la canoa ruge al arrancar. Francisco, nuestro capitán y anfitrión en esta jornada, ajusta el motor mientras el sol guayaco de las 10h00 quema la espalda de los pasajeros. A bordo vamos más de una decena de personas: abogados del CDH, activistas de la COSG y la Red de Defensorxs de Guayaquil, y nos acompaña además Raquel Silva, dirigente de la Unión Tierra y Vida quien ha propiciado el contacto con los campesinos. Nos hemos reunido en un modesto muelle de Durán al pie del Cerro las Cabras para dirigirnos al Predio Los Ángeles.
El ancho Guayas se extiende ante nosotros, marrón y perezoso, separando con su frontera líquida dos mundos irreconciliables. A estribor, los barrios marginales de Durán y sus humildes casas sobre pilotes se aferran a la orilla, como náufragos mudos de una ciudad que figura entre las más peligrosas del mundo. A babor, las torres de Puerto Santa Ana en Guayaquil se imponen sobre las aguas del río, sus condominios y restaurantes de alta alcurnia vedados a gran parte de la población, accesibles solo para la clase pelucona de este platanal.
A medida que avanzamos río arriba con ayuda de la marea alta, nos adentramos en el no menos impresionante Babahoyo cruzando por debajo del Puente de la Unidad Nacional. El perfil de los edificios de Guayaquil va siendo reemplazado por la península de La Puntilla, con todas sus urbanizaciones y ciudadelas amuralladas y reservadas para las clases altas que viajan seguido al extranjero como quien toma un taxi. Durán también se va desvaneciendo, con sus barrios ribereños y viviendas de cemento y techumbre de zinc dando lugar a embarcaderos de gabarras y luego a manglares y extensiones de cultivo.

Nos vamos encontrando con varias canoas que se encuentran pescando con métodos artesanales, tratando de llevar comida a sus hogares. Varios nos saludan con la mano desde la lejanía mientras evitamos la ocasional boya que indica la presencia de una red de pesca. Faltando poco para llegar a nuestro destino, una voz nos llama desde una canoa cercana. Es Edith, una vecina del Predio. Nos pide que la remolquemos hasta el punto de la reunión, a lo que procedimos atando las embarcaciones con una cadena oxidada y continuamos. Al llegar, el predio aparece como un oasis entre los matorrales. Casas de caña guadúa y madera con techos de zinc corroído por los años se alinean en la estrecha franja de tierra entre el río y los arrozales. Los perros guardianes de los pobladores anuncian nuestra llegada con estridentes ladridos, y una vez desembarcados, la familia de Francisco y unos cuantos vecinos nos reciben con abrazos y apretones de mano fuertes, como si lleváramos años de conocernos y no solo minutos.
Después de acomodarnos en sillas y hamacas a la sombra de los árboles, la delegación escucha atentamente a Raquel, quien despliega ante nosotros el mapa completo de la guerra silenciosa que libran los campesinos organizados en 2 asociaciones, “Ni un Paso Atrás” y “Unidos Venceremos”. Los hechos se suceden como capítulos de un manual de despojo: las bombas de riego son saboteadas repetidamente, los caminos vecinales son apropiados y obstruidos por las construcciones y garitas de guardia. Sin agua, los cultivos se mueren, y tierra sin cultivo es tierra que el MAG declara “desocupada” en sus informes.

Otra socia del predio, Verónica, continúa con la exposición de los hechos. No han faltado tampoco los intentos de compra: las camaroneras hacen ofertas de $12,000 por hectárea, un precio irrisorio que deja a cada socio dueño de su propia hectárea con nulas posibilidades de reconstruir su vida en cualquier otro lado. Es tan poco dinero que llega incluso a ser insultante, pero ante el rechazo de los campesinos, las camaroneras recurren a movimientos aún más perversos.
Amenazas telefónicas anónimas arguyendo visitas próximas de Recycob —Recaudación y Cobranzas—, guardias armados patrullando los linderos de las parcelas, quema intencional de dos cosechas en un incidente de 2022 que nunca fue investigado por las autoridades, contratación de testaferros para comprar tierras a través de terceros, y la lista sigue y sigue. En 2021, la camaronera IndoSur compró a tres dirigentes de la “Unidos Venceremos” con $20,000 dólares y promesas de empleo, entregando a la empresa varias hectáreas valiosas de la Asociación.
La última estratagema es la más cínica: ahora alegan que los campesinos contaminan el río del que han dependido durante años para su sustento, mientras que estas empresas talan y allanan gigantescas extensiones de terreno para sus piscinas de cría de camarón. Separar a los campesinos del río no es una táctica nueva: ya en 2020 durante la pandemia, la Armada les prohibió la pesca. ¿De qué podrán vivir sin sus cultivos y sin la pesca artesanal? Las únicas respuestas posibles son un salario de hambre en las camaroneras o desplazarse hacia la ciudad. Es un crimen perfecto: matan el sustento para justificar el robo.

El Estado ha sido cómplice por omisión: el entonces MAGAP nunca terminó el proceso de adjudicación iniciado en 2015, dejándolo en el limbo. La Defensoría del Pueblo archivó tres denuncias aduciendo "falta de pruebas". El Ministerio del Ambiente multó a los pobladores del predio por "tala ilegal" cuando recolectaban caña para reparar sus casas. Además, según documentos catastrales, varias hectáreas del predio ya fueron transferidas a testaferros en 2023. Los papeles las catalogan como "tierras baldías". Los surcos, las casas, los muelles, la iglesia y la escuelita del predio, estos elementos cuentan otra historia muy distinta a la de esos papeles, una historia de personas que han hecho allí su vida entera y a quienes se quiere echar sin más.
Tras empaparnos del asunto, emprendimos junto a los campesinos la marcha hacia la puerta de una de las camaroneras del sector. Una treintena de personas, entre delegados y pobladores, avanzamos lentamente por los en otro tiempo exuberantes y verdes arrozales, donde ahora la tierra agrietada y los tallos mustios evidencian meses sin riego adecuado. El trayecto, que durante generaciones fue un camino amplio de uso público, hoy no es más que un pequeño sendero junto a un canal excavado por las camaroneras en el curso del antiguo camino y que termina abruptamente en un portón metálico con letras rojas: "PROPIEDAD PRIVADA". Detrás, el paisaje se transforma en una red geométrica de piscinas de camarón que brillan bajo el sol como espejos de agua sucia. Billy Navarrete, del CDH, se aparta para entrevistar a José, un campesino cuya parcela quedó literalmente cercada por dos empresas camaroneras, convertida en una isla agrícola en medio de la vorágine de los empresarios. Mientras tanto, los guardias de seguridad nos observan con miradas tensas, tomando fotos con sus teléfonos mientras murmuran en sus radios.

De regreso al poblado, y antes de partir de vuelta al muelle de Durán, nos esperaba un almuerzo sencillo pero abundante: arroz con pescado del río. En ese momento del mediodía también llegaban los muchachos de la escuela en una canoa, atracando en un muelle improvisado sobre cañas altas. La conversación fluye entre risas y chanzas, pero también entre silencios elocuentes. Edith nos explica el origen del predio, aduciendo que ella llegó al lugar hace casi cincuenta años, cuando el dueño original les dio permiso para trabajar esas tierras. Sus hijos nacieron allí, sus nietos aprendieron a caminar entre aquellos arrozales. Con un gesto hacia la curva del río, recuerda cómo el lugar adquirió su nombre —Vuelta de los Ángeles — por las numerosas embarcaciones que naufragaban al intentar navegar ese recodo traicionero antes de llegar a Guayaquil.
Mientras el resto habla, contemplo mis alrededores: miro hacia los arrozales que rodean el conjunto de casas, y luego hacia el río. Del otro lado, las torres de condominios de Isla Mocolí —el barrio más exclusivo del país— se alzan como un espejismo de lujo inalcanzable. Aquí, en Los Ángeles, la vida es otra cosa: niños jugando con los chanchos y gallinas, mujeres colgando ropa en cordeles, hombres con machetes al cinto alistándose para salir a trabajar en los campos. ¿Qué piensan los de Mocolí cuando miran hacia acá? ¿Les importa siquiera? Al cruzar de vuelta el Babahoyo aprovechando la marea baja, miro hacia atrás. En Los Ángeles y el resto de caseríos en las orillas del río, la gente nos saluda desde lejos al pasar como una flecha en pleno vuelo. Del otro lado, una lancha blanca y moderna de las más caras navega en los alrededores de Mocolí.

No hizo falta esperar mucho después de nuestra partida. Una semana después, mientras empezaba esta crónica me llegó un mensaje por WhatsApp: guardias de TRUPECA, una de las camaroneras implicadas en el acoso constante al predio, habían sustraído la bomba de riego de una de las compañeras de la Asociación y la estaban reteniendo en su garita. Los campesinos tuvieron que montar guardia en la garita aquella noche para que la bomba no desaparezca.
Esta es la dinámica perversa que enfrentan: Mirando hacia otro lado o activamente facilitando los intereses empresariales, el Estado revela su verdadero rol en el campo ecuatoriano, no como garante de derechos, sino como notario que legaliza los deseos de lucro del capital. El río sigue fluyendo, indiferente, entre quienes ven la tierra como un número en su balance contable y quienes la sienten como extensión de su propio ser; entre los que se autoproclaman "gente de bien" desde sus urbanizaciones amuralladas y los que son tachados de “invasores” por defender lo que siempre han trabajado. Pero en el Predio Los Ángeles, donde cada surco en la tierra cuenta una historia de resistencia, saben algo que las camaroneras no comprenderán nunca: la tierra no se vende, se defiende.
Fotos: Billy Navarrete
23.06.2025
Corto documental "Caravana de Solidaridad con el Recinto Los Ángeles"
CDH, 2.07.2025, 12minutos03segundos
Sinopsis: El jueves 12 de junio de 2025 se realizó la Caravana de Solidaridad con el recinto Los Ángeles, en cantón Durán, ubicado a orillas del Rio Babahoyo frente a la Isla Mocolí, en contexto de amenazas de desalojo forzoso y despojo por conflicto con empresa camaronera instalada en tierras cultivables.
La caravana de solidaridad estuvo conducida por la Asociada Unión, Tierra y Vida, y contó con la participación de delegaciones del CDH, la Red Comunitaria de Defensoras y Defensores de Derechos Humanos, la Asamblea de los Pueblos de la Costa, la Coordinadora de Organizaciones Sociales del Guayas, FIAN Ecuador, de la Asociación la Fé del Campesino y de la Asociación La Nueva Revolución.
Durante la caravana, campesinos y pescadores del recinto Los Angeles, denunciaron la amenaza de desalojo y despojo de tierras, las restricciones al libre tránsito, hostigamiento e intimidación que sufre los habitantes del recinto Los Ángeles por parte de representante de empresa camaronera. Cabe anotar que entre las familias afectadas, se identifican personas adultas mayores nacidas en esas tierra, denominadas “Vivientes”.
Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=RU1-Gqn4JOk